viernes, febrero 20

Ahora resulta que el apestado es Higinio Martínez. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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La libra Pancho’superbowl, mejor conocido como “El coreback” del Congreso mexiquense

En el Estado de México, donde la austeridad se presume en tribuna pero se pone a prueba en los palcos, la paradoja es digna de estudio: el que terminó bajo la lupa no fue quien viajó al Super Bowl, sino quien se atrevió a decir que tal vez —solo tal vez— no era la mejor postal para la 4T.

El senador Higinio Martínez osó pronunciar una herejía en tiempos de unanimidad automática: “la crítica es necesaria”. Y recordó que a él lo invitan cada año tanto al Super Bowl como a la Serie Mundial, pero que nunca ha aceptado porque “no es el momento” y en el servicio público “se predica con el ejemplo”. Declaración que, en cualquier manual básico de congruencia política, debería ser aplaudida. Pero no.

Porque mientras el presidente de la Jucopo mexiquense, Pancho Vázquez, conocido ya como El coreVázquez del Congreso local disfrutaba el espectáculo del 8 de febrero —con todo y familia—, el vendaval mediático local decidió que el problema no era el viaje, sino el comentario. No la imagen del legislador en el gran escaparate deportivo de Estados Unidos, sino el incómodo recordatorio de que la 4T prometió hacer las cosas distintas.

Higinio habló de sintonía política, de no dar elementos para que “se nos siga criticando”, de que antes había derroche y que ahora se ofreció otra conducta. Subrayó que no se trata solo de si fueron recursos propios o ajenos, sino de la percepción, del mensaje, del ejemplo. Un discurso que en teoría encaja perfectamente con la narrativa oficial.

Sin embargo, la reacción fue otra: murmullos de molestia, insinuaciones de protagonismo, lecturas de “fuego amigo”. El senador convertido en el aguafiestas; el diputado viajero, en víctima colateral del purismo moral. En la tierra donde se prometió la transformación, parece que incomoda más la autocrítica que los desplantes de nuevo rico.

La escena raya en lo tragicómico: el legislador que se queda en casa defendiendo la congruencia es cuestionado por dividir; el que viaja al evento más ostentoso del calendario deportivo estadounidense transita casi indemne por los titulares locales. Como si la lealtad se midiera por el silencio y no por la coherencia.

Al final, Higinio Martínez terminó explicando lo obvio: que la crítica sana fortalece, que no todo lo legal es políticamente oportuno y que los compromisos de campaña no se suspenden durante el medio tiempo. Pero en esta peculiar jugada mexiquense, el balón no cayó en la zona de anotación del que viajó, sino en la cabeza del que habló.

Si el senador texcocano da por cerrado el penosísimo asunto -en entrevista con Elisa Alanís (Milenio TV)- en espera de que sus correligionarios dejen de hacerse los ofendidos en aras de una apócrifa unidad, pues en lo personal me niego a hacer lo mismo, porque me parece grave que el pastor de la mayoría de diputados mexiquenses haga gala de soberbia e incongruencia inauditas respecto de los principios que enarbola en el discurso y prostituye en la práctica, algo imperdonable para cualquier político profesional, independientemente de su filiación partidista… o fanatismo deportivo.

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