
“¡Urge una transformación, pero internamente en Morena! No podemos simular más”: Higinio Martínez
A ver, señoras y señores morenistas: ¿no les da vergüenza dejar sola a su presidenta? ¿Tiene que ser ella —o peor aún, el mandatario Ku Klux Klan de los Estados Unidos— quien presione para depurar sus filas de personajes impresentables?
Pregonan compulsivamente la “unidad”, pero no alrededor de los principios que dieron sentido y éxito electoral a su movimiento: “no robar, no mentir y no traicionar al pueblo”, asumidos como la médula intocable de su quehacer político y como la bandera moral de su vida pública. No. Lo que pregonan es la unidad de los mediocres. La de quienes voltean hacia otro lado cuando el correligionario de junto viola flagrantemente esos principios que dicen defender como patrimonio exclusivo.
Presumen ideales que cualquier persona civilizada comparte, independientemente de colores partidistas o consignas del Tlatoani en turno, pero al mismo tiempo se asocian con desertores del viejo régimen marcados por la fama pública de corruptos o incluso de criminales.
Se empiernan con cualquiera que pueda garantizarles una cuota de acarreo electoral, sin importar los métodos utilizados. Regalan posiciones políticas lucrativas a mercachifles de la manipulación del voto sin el menor rubor, mientras se engallan presentándose como seres inmaculados, perfectos e inmunes por tanto a la crítica o, más aún, a la autocrítica.
Miran con mezquina desconfianza a cualquier compañero de lucha que, después de muchos años, se atreva a apartarse un poco de la manada para reflexionar sobre asuntos trascendentes y preguntarse si se está actuando correctamente en realidad, es decir, más allá de la narrativa y la propaganda. Pareciera que cuestionar errores o pedir rectificaciones se hubiera convertido en una forma de traición, aun cuando lo que está en juego sea la viabilidad futura de su propio movimiento.
En lugar no solo de respaldar, sino incluso de impulsar la intención saludable de su presidenta de limpiar de corrupción sus propias filas, desenvainan los machetes del linchamiento político contra cualquiera que intente realizar esa tarea impostergable. Lo convierten en chivo expiatorio para fingir que la depuración interna es una misión imposible y así justificar su inmensa mediocridad, su cobardía y su complacencia con lo peor de sí mismos.
Por cierto que el senador mexiquense Higinio Martínez, sostiene que, ante la situación política actual, es indispensable que los militantes del partido expresen públicamente sus opiniones y hagan una revisión crítica del desempeño de Morena tanto en el gobierno como en la vida interna del movimiento.
Afirma que urge una transformación dentro del propio partido y advierte que ya no pueden seguir simulando ni ocultando errores, corrupción, deficiencias e incapacidad para resolver los problemas del país. Considera que no basta con discursos encendidos o con cerrar los ojos ante la realidad, sino que se requiere valentía, inteligencia e integridad moral para respaldar verdaderamente a la presidenta Claudia Sheinbaum.

Retoma el llamado presidencial contra la corrupción y señala que, si algunos funcionarios no corrigen su conducta por voluntad propia, entonces deben actuar las autoridades. Advierte además que, si Morena no limpia internamente sus filas y no combate la impunidad, seguirán apareciendo actores externos exhibiendo a personajes de la 4T que traicionaron el lema de “no robar, no mentir y no traicionar al pueblo”.
Finalmente, alerta que, especialmente en entidades como el Estado de México, la continuidad de malas administraciones y de la impunidad podría poner en riesgo el futuro político de Morena. También acusa que, en los hechos, muchos están dejando sola a la presidenta Sheinbaum.
No puedo estar más de acuerdo.





