jueves, junio 4

Pobre doña Claudia: tan lejos de Dios y tan cerca de… Palenque. AL GRANO. Por Jesús López S.

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Parece estar convencida de que sólo la ultraderecha anhela que se someta a los narcopolíticos

Nunca, salvo el día de su toma de protesta, había visto tan contenta a la Presidenta. Esta mañana irradiaba felicidad.

Hace apenas dos días vaticiné que toda esta estridente campaña contra el supuesto intervencionismo extranjero no era otra cosa que el andamiaje artificial de una de las condiciones prometidas para el retorno de AMLO. Escribí textualmente en mi columna “Este domingo, Sheinbaum se olvidó de la cabeza fría”:

“Cualquiera en su sano juicio, con un mínimo de información, podría ver prístinamente claro que todo este enjuague es un desbrozamiento del terreno para que el Señor de Palenque regrese, como prometió, a desfacer los entuertos que él mismo y su gente incrustada en el Congreso están provocando”.

Treinta y seis horas después, Andrés Manuel López Obrador nos recetó cinco cuartillas de “apoyo” a Claudia Sheinbaum donde se permitió añorar el regreso del Donald Trump con el que a él le tocó lidiar.

Sheinbaum y el siempre astuto Peje saben perfectamente que el mandatario norteamericano no viene precisamente por la Presidenta. El objetivo parece ser mucho más ambicioso: desmontar la estructura política heredada por López Obrador, quizá replicando la estrategia aplicada en Venezuela, donde el problema nunca fue únicamente Nicolás Maduro, sino todo el aparato construido para garantizar su permanencia en el poder.

Por eso resultan tan relevantes las declaraciones del secretario de Seguridad estadounidense Markwayne Mullin, quien afirmó textualmente que:

“La actual administración mexicana ha mostrado mucha mayor disposición y colaboración en materia de seguridad y combate al narcotráfico, en comparación con el sexenio anterior”.

Y abundó:

“Han sido muy cooperativos, más que el gobierno anterior, pero siguen hablando de soberanía y tenemos que respetar eso. Les dimos las gracias, pero nos queda mucho trabajo por hacer”.

Sin embargo, buena parte de la prensa nacional —atada por los generosos convenios publicitarios gubernamentales— decidió destacar exactamente la parte menos relevante de sus declaraciones.

Los encabezados fueron reveladores:

“EU: MÉXICO COLABORA COMO NUNCA; DEBEMOS RESPETAR SU SOBERANÍA” (Milenio).

“RESPETAREMOS LA SOBERANÍA DE MÉXICO: MULLIN” (Excélsior).

“MÉXICO CREE EN SU SOBERANÍA; DEBEMOS RESPETARLA: MULLIN” (La Jornada).

Pero la noticia verdaderamente importante no era que Estados Unidos respeta que el gobierno mexicano hable de soberanía —algo que ningún funcionario serio iba a negar públicamente—, sino que reconociera que el gobierno de Sheinbaum coopera mucho más en materia de seguridad que el de López Obrador.

En otras palabras: que la nueva administración ha comenzado a tomar distancia, aunque sea parcialmente, de la desastrosa política criminal de los “abrazos, no balazos”.

Por eso el encabezado más relevante fue el de La Razón:

“EU, IMPRESIONADO POR MÁS COOPERACIÓN EN SEGURIDAD AHORA QUE CON AMLO”.

La felicidad desbordada que mostró hoy la Presidenta fue tan evidente que estuvo a punto de torturarnos leyendo completa la carta enviada por López Obrador. Al final se limitó a citar los párrafos que más la emocionaron.

El episodio constituye un indicador bastante sólido para reforzar la hipótesis de que Claudia Sheinbaum se encuentra ya plenamente contagiada por el síndrome del “pejismo“, esa extraña afección política que durante años atacó a millones de mexicanos y les hizo caer en el espejismo de confundir propaganda con realidad, lealtad con virtud y traición con pensamiento crítico.

Los marxistas definían la ideología como una falsa conciencia de la realidad. El pejismo parece haber perfeccionado el concepto.

Mientras tanto, las señales de alarma siguen acumulándose.

Ya se anuncia una eventual investigación estadounidense sobre Alfonso Durazo por sus presuntos vínculos con organizaciones criminales. Como he señalado anteriormente, todo indica que Durazo está destinado a convertirse en el García Luna del narcobradorismo: el personaje sacrificable que permitirá explicar años de complicidades, omisiones y fracasos sin tocar necesariamente al verdadero arquitecto del sistema.

Hasta el momento Trump ha permanecido callado. Solo sus halcones han dado respuesta al valiente discurso dominguero de una mandataria mexicana paradójicamente feliz ante el machismo inoportuno de quien quiere desplazarla. Eso es muy preocupante porque si el extremadamente locuaz Donald Trump no dice esta boca es mía, probablemente es porque cumplirá su amenaza de que si Sheinbaum no lo hace, ellos tendrán que hacerlo.

Por eso las prisas de Andy en pos del fuero. Por eso las prisas de su padre por subir al escenario o las de Monreal por elevar a rango constitucional (convenientemente sin las leyes secundarias) la posibilidad de que Morena, a través de su Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, sí, ¡su tribunal! anule elecciones con el pretexto ruin de un injerencismo imaginario que tache de estúpidos a los electores que presuntamente se dejen influenciar por instancias extranjeras.

Las prisas no revelan otra cosa que pánico. ¿No cree usted?

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