martes, julio 14

Moronistas y bedollistas en la disputa tribal de Morena por Michoacán

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Emperrado en retomar la mesa directiva del Senado, Noroña vuelve a agredir a Grecia Quiroz

Por Jesús López Segura

La sucesión de 2027 en Michoacán enfrenta dos bloques que arrastran viejas cuentas pendientes desde la disputa presidencial de 2024. De un lado, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla y su grupo, que jugaron con Adán Augusto López Hernández; del otro, el senador Raúl Morón Orozco, quien apostó desde el principio por Claudia Sheinbaum.

La revista Proceso señala que, aunque once morenistas levantaron la mano para coordinar la Defensa de la Cuarta Transformación —cargo que en realidad equivale a la candidatura al gobierno estatal—, sólo cinco tienen posibilidades reales. El bedollismo empuja al exfiscal Carlos Torres Piña, al que sus adversarios llaman atinadamente fiscal carnal; a Gladyz Butanda, convertida en la candidata personal del gobernador; y a Fabiola Alanís, otra pieza del grupo oficial. Enfrente aparecen Raúl Morón, identificado dentro de Morena como el supuesto favorito de Palacio Nacional, y la senadora Celeste Ascencio, cercana a Citlalli Hernández.

El proceso interno ya ofrece el repertorio completo de las viejas prácticas que Morena juró desterrar: denuncias de acarreo, presiones sobre burócratas, promoción personalizada con recursos públicos y espionaje entre compañeros de partido. ¿Y el INE y su sucursal purépecha? Bien gracias, cobrando cada quincena.

Los propios aspirantes admiten que se vigilan unos a otros, como si la mayor amenaza no estuviera en el sombrero de la oposición, sino dentro de casa, entre las distintas facciones que buscan quedarse con el control del partido y de las candidaturas. Detrás del discurso de la transformación asoma, una vez más, la política de las tribus, donde la “unidad” dura exactamente lo que tarda en aparecer la siguiente boleta electoral.

Alfredo Ramírez Bedolla —señalado por la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, como uno de los responsables del asesinato de su esposo, Carlos Manzo—, terminó por reconocer lo que durante años fue tratado como una exageración de sus críticos: el crimen organizado mantiene infiltradas policías municipales y somete a varios alcaldes en distintas regiones del estado.

Según Mario Maldonado (El Universal), el propio mandatario identificó como focos rojos a Ecuandureo, Zinapécuaro, Chavinda, Zacapu, Ario de Rosales y Uruapan, donde, según admitió, existen policías que trabajan para los cárteles o participan en redes de extorsión. La confesión llegó apenas después de que mandos policiacos de Zacapu fueran detenidos por su presunta participación en el ataque donde fueron asesinados cinco elementos de la Guardia Civil.

La respuesta de Bedolla resulta tan reveladora como inquietante: desaparecer las policías municipales y entregar la seguridad a la Guardia Nacional. La propuesta implica aceptar que el problema dejó de ser la corrupción de algunos elementos para convertirse en la captura criminal de corporaciones enteras, justo durante el gobierno que prometía pacificar al estado con ambiciosos programas y planes para Michoacán.

El reconocimiento llega, además, en un momento particularmente incómodo para el gobernador. Mientras persisten las versiones sobre el interés de autoridades estadounidenses en varios mandatarios morenistas —y Bedolla insiste en negar cualquier problema relacionado con su visa—, admitir públicamente que el crimen organizado penetró las instituciones encargadas de brindar seguridad, difícilmente contribuirá a disipar el escrutinio internacional.

Con la elección de 2027 cada vez más cerca, el mayor adversario político interno de Ramírez Bedolla ya no parece ser el grupo de Raúl Morón. Es el saldo de un gobierno que hoy reconoce que los cárteles no sólo disputan territorios en Michoacán, sino que también lograron infiltrarse en las instituciones responsables de combatirlos.

No había terminado de estallar esta guerra interna de Morena cuando apareció uno de los más torpes escuderos del oficialismo para defender, con su particular estilo de sicario mediático, a uno de los aspirantes del grupo afín a Claudia Sheinbaum. El senador Gerardo Fernández Noroña respondió con virulencia al fallo del Tribunal Electoral de Michoacán que lo sancionó por violencia política de género contra la alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, a quien volvió a llamar “fascista” y de cuya conducta dijo que obedecía a un evidente oportunismo electoral.

Y esta vergonzosa y cobarde asonada mediática de Noroña contra la valiente viuda de Manzo, es desatada ante su ridícula aspiración de repetir en la mesa directiva del Senado de la República, aunque usted no lo crea.

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