miércoles, agosto 12

Raúl Morón acusa a Alfredo Ramírez Bedolla de operar una campaña para descarrilarlo

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Las mafias morenistas de Michoacán se despedaza entre sí, mientras Grecia Quiroz avanza

Por Jesús López Segura

Mientras la llamada Cuarta Transformación se desgarra en Michoacán en una guerra de tribus por el control de Morena y la candidatura gubernamental, la viuda de Carlos Manzo, Grecia Quiroz, podría terminar siendo la gran beneficiaria de esa pelea interna.

Y no por una operación de propaganda, ni por una campaña de bots, ni por los millones de pesos que —según documentos en poder de Proceso— se estarían gastando para destruir adversarios.

Sencillamente porque, mientras los grupos de la mafia morenista michoacana se despedazan entre sí, Grecia Quiroz puede reivindicar algo que ninguno de los aspirantes oficialistas puede fabricar con encuestas, publicidad o ejércitos digitales: una legitimidad política nacida del agravio, del duelo y del hartazgo ciudadano frente a una clase política que no termina de explicar la violencia que asesinó a su esposo.

La más reciente batalla la protagoniza Raúl Morón Orozco, quien acusa al gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla de operar una campaña digital para descarrilar su aspiración a la gubernatura. De acuerdo con los reportes citados por Proceso, se habrían destinado más de 2.2 millones de pesos a publicidad digital contra el senador con licencia.

La maquinaria descrita es digna de una película de espionaje político: decenas de miles de cuentas automatizadas, cientos de anuncios, servidores, dispositivos, campañas simultáneas en Facebook, Instagram, Google y YouTube y, finalmente, una red de distribución por WhatsApp.

El primer reporte identifica 58 mil 907 cuentas automatizadas que habrían generado más de 81 mil menciones para relacionar a Morón con el asesinato de Carlos Manzo. El segundo habla de una operación todavía más sofisticada, con más de 900 mil personas alcanzadas y cientos de miles de interacciones.

Todo ello para algo que Morena conoce perfectamente: destruir al adversario antes de que llegue a la boleta.

Pero aquí aparece la paradoja que puede terminar jugando en contra de todos ellos.

Mientras Morón acusa a Bedolla, mientras los seguidores de Bedolla responden, mientras cada grupo intenta utilizar el aparato político y digital para liquidar al otro, Grecia Quiroz no necesita destruir a nadie para construir su propia candidatura.

Los morenistas están haciendo por ella un trabajo extraordinario.

Cada pleito interno, cada acusación, cada guerra de lodo y cada millón gastado en propaganda contribuye a reforzar la percepción de que los grupos que pretenden perpetuarse en Michoacán están más preocupados por repartirse el poder que por resolver la tragedia de inseguridad que padece el estado.

Y eso puede convertirse en el mejor combustible para una candidatura que no nació en una oficina de Morena, sino del asesinato de un alcalde que se convirtió en símbolo del hartazgo contra la violencia y contra la clase política que no pudo —o no quiso— detenerla.

La ironía es brutal.

Morón denuncia que pretenden sacarlo de la carrera mediante una guerra digital. Los otros grupos de Morena se disputan el control de la sucesión. Se acusan mutuamente, se vigilan, se atacan y presuntamente utilizan estructuras digitales para modificar la conversación pública.

Mientras tanto, Grecia Quiroz puede caminar por otro carril, el de Movimiento Ciudadano o la candidatura independiente.

El carril, por cierto, de una legitimidad que no depende de los algoritmos.

Porque una cosa es fabricar tendencias en redes sociales y otra muy distinta explicar ante los michoacanos por qué Carlos Manzo fue asesinado y qué no hicieron las autoridades para impedirlo.

Y hay algo que los estrategas digitales parecen olvidar: los bots pueden fabricar miles de menciones, pero no pueden fabricar indignación auténtica.

Tampoco pueden fabricar el dolor de una viuda.

Mucho menos pueden borrar la memoria de un asesinato.

 

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