martes, septiembre 8

La Nueva Escuela Mexicana, reprobada por la realidad. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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Aumenta el rezago mexicano en aprendizajes básicos respecto del promedio de la OCDE

Los resultados de PISA 2025 ofrecen un dato difícil de maquillar: México sigue rezagándose en los aprendizajes fundamentales y la llamada Nueva Escuela Mexicana no ha demostrado capacidad para revertir esa tendencia.

De acuerdo con la evaluación de la OCDE, los estudiantes mexicanos de 15 años obtuvieron 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Frente a 2022, son siete puntos menos en matemáticas y siete menos en lectura. En ciencias hubo una ligera mejoría, de 410 a 414 puntos, aunque la propia OCDE advierte que este cambio no es estadísticamente significativo.

El problema se vuelve mucho más grave al observar los niveles de desempeño: 41.8% de los estudiantes mexicanos quedó por debajo del nivel básico simultáneamente en matemáticas, lectura y ciencias, más del doble del promedio de la OCDE, que fue de 19.7%.

En el extremo contrario, apenas 0.5% de los estudiantes mexicanos alcanzó los niveles más altos —5 o 6— en al menos una de las tres disciplinas, frente a 11.9% en promedio entre los países de la OCDE.

La brecha es particularmente preocupante en matemáticas. Los 388 puntos obtenidos por México están 75 puntos por debajo del promedio de la OCDE. En lectura, la diferencia es de 53 puntos, mientras que en ciencias llega a 68.

No estamos hablando simplemente de estudiantes que sacan malas calificaciones. PISA mide la capacidad de razonar, comprender, interpretar información, resolver problemas y utilizar conocimientos para enfrentar situaciones de la vida real. Es decir, justamente aquellas habilidades que deberían constituir el objetivo central de cualquier sistema educativo moderno.

Y aquí aparece la gran paradoja de la llamada Nueva Escuela Mexicana: mientras el discurso oficial ha privilegiado conceptos como transformación, inclusión, comunidad y nuevos enfoques pedagógicos, la realidad muestra que una proporción extraordinariamente elevada de jóvenes mexicanos ni siquiera alcanza las competencias básicas que les permitirían desenvolverse adecuadamente en una sociedad cada vez más compleja y tecnológica.

Más aún: PISA 2025 incorporó la resolución de problemas mediante herramientas digitales y México obtuvo 453 puntos, 47 menos que el promedio de la OCDE. La distancia entre el discurso de modernización educativa y las competencias efectivamente adquiridas por los alumnos resulta, por decir lo menos, inquietante. El nivel de catastrófico se alcanza con la obsesión oficial de privar a los estudiantes del uso del teléfono celular como herramienta fundamental de aprendizaje. Es aterradora la expresión de la Presidenta Sheinbaum en el sentido de que “se debe volver al lápiz y el papel” en la escuela mexicana.

El contraste latinoamericano tampoco favorece a México. Uruguay y Chile superaron al país en las tres materias, mientras Costa Rica lo rebasó en lectura y ciencias. Es decir, el rezago mexicano no puede atribuirse simplemente a una supuesta crisis educativa mundial: hay países de la propia región que están obteniendo mejores resultados.

El verdadero problema no es que México haya obtenido determinada cantidad de puntos. El problema es que millones de jóvenes están llegando a la adolescencia sin dominar herramientas intelectuales básicas, mientras el sistema educativo parece más preocupado por transformar el discurso pedagógico que por demostrar que sus alumnos están aprendiendo más y mejor.

Una reforma educativa puede cambiar libros de texto, planes de estudio, terminología y métodos. Pero existe una prueba definitiva que ningún discurso puede sustituir: que los estudiantes sepan leer, razonar, resolver problemas, comprender la ciencia y desenvolverse en el mundo digital.

PISA 2025 deja, cuando menos, una pregunta incómoda para las autoridades educativas de la Cuarta Transformación:

¿Dónde están los resultados que justifiquen el optimismo oficial sobre la Nueva Escuela Mexicana?

Porque si la educación debe transformar la realidad, resulta difícil llamar transformación a un modelo cuyos primeros indicadores internacionales siguen colocando a México muy por debajo de los estándares de los países desarrollados y detrás de varias naciones latinoamericanas.

El diagnóstico es contundente: antes de cambiar nuevamente el nombre, el discurso o la filosofía de la escuela mexicana, habría que conseguir que los muchachos aprendan lo elemental: Leer. Comprender. Razonar. Resolver. Y pensar por sí mismos.

Lo demás puede esperar.

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