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Andrés Manuel López Obrador

“La Guardia Nacional, aunque dependa de la SEDENA, va a seguir siendo civil”: AMLO

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Descarta a María Elena Álvarez Buylla para Educación. Es demasiado buena para eso y la necesitamos en CONACyT

LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

Después de un largo estira y afloje con reporteros en la Mañanera sobre el autogolpe de Estado al adscribir la Guardia Nacional a la SEDENA, por decreto o “acuerdo presidencial”, es decir, por acuerdo del Presidente consigo mismo, el reportero de La Jornada -a riesgo de que su medio pierda el jugoso subsidio gubernamental casi del tamaño que el de las televisoras- se atrevió a poner los puntos sobre las íes:

“Presidente, en el origen de la Guardia Nacional, era para un cuerpo de carácter civil y la Constitución dice: La Federación contará con una institución policial de carácter civil”.
¿Cómo puede garantizarse eso si está dentro de la Secretaría de la Defensa Nacional?

AMLO.- Va a seguir siendo una institución eh… de carácter civil, dependiendo de la Secretaría de la Defensa.

Reportero.- Pero está dentro de la estructura militar.

AMLO.- Vamos a esperarnos, vamos a esperarnos. Pero yo tengo la obligación, y le diría moral, de defender este punto y lo voy a seguir haciendo”.

“Ni nos perjudica, ni nos beneficia… sino todo lo contrario”, es una de las frases célebres de Luis Echeverría, el expresidente populista que acaba de fallecer, y que en sus momentos de gloria llegó incluso a engañar a intelectuales de la talla de Carlos Fuentes, quien afirmó que era “deber histórico de los intelectuales apoyarlo,” respaldar al autor nada menos que del halconazo y operador de la matanza del 2 de Octubre, contra lo que opinaban otros intelectuales de la época, como Octavio Paz.

El populismo -como el fascismo-, a diferencia del auténtico liderazgo popular, se basa en las verdades a medias para deslumbrar masivamente a mentalidades no suficientemente entrenadas en el rigor del pensamiento crítico, científico.

El populista basa su liderazgo en promesas (generalmente incumplidas) que no van a la raíz de los problemas que aquejan ancestralmente a su clientela potencial, pero que apelan directamente a sus sentimientos de frustración para comprometerlos no en una camaradería de lucha con objetivos claros y suficientes, sino en una fe incondicional y ciega.

Decir públicamente, sin ruborizarse, que “la Guardia Nacional, aunque dependa de la SEDENA, va a seguir siendo civil” y que tal aberración “no constituye una violación flagrante a la Constitución” revela, ante cualquier interlocutor medianamente entrenado en el pensamiento crítico, una disposición patológica hacia la mentira.

Por eso AMLO repudia a las personas entrenadas en el pensamiento crítico -de derecha, pero también de izquierda-. Nos considera clasemedieros aspiracionistas detestables que no sentimos amor por el pueblo. Sus bases fanáticas de sustentación no son los luchadores sociales -ni de derecha ni de izquierda- que han dedicado su vida a la conquista de sus ideales.

Mujeres como Lydia Cacho y Anabel Hernández no merecen en el proceso de la presunta “cuarta transformación” ni siquiera el derecho elemental de vivir en su país -sobreviven prácticamente exiliadas-, ya no digamos que ser tomadas en cuenta para, con su talento y experiencia invaluables, ayudar a transformar realmente nuestra patria, desde las posiciones privilegiadas que se habrían ganado a pulso en un gobierno verdaderamente democrático “de izquierda”.

Personajes como Delfina Gómez, sobrevaloradas por su sencillez y desmentida “honestidad”, cancerberas compulsivas de la escuela capitalista como el aparato ideológico de Estado que, muy lejos de ser el mecanismo de movilidad social ascendente -como se predica en los discursos oficiales-, en realidad se convierte en el más eficaz sistema de reproducción de las desigualdades sociales (a través de esquemas autoritarios de “enseñanza-aprendizaje” del tipo memorístico y enciclopédico que discrimina y pone en desventaja a los alumnos con un capital lingüístico y cultural diferente al de los hijos de las clases sociales dominantes), merecen ser encumbrados en las más altas esferas de poder para un líder populista empeñado en rodearse de incondicionales que lo admiren y obedezcan.

Ignoro si María Elena Álvarez-Buylla realmente llegó al CONACyT a realizar una valerosa limpieza de parásitos “neoliberales que orientaron a la institución, durante años, a enriquecer a empresas transnacionales”, como dijo con la claridad de exposición e improvisación propias de una mente privilegiada. No lo dudo, porque he visto cómo se apoderan de la UAEMéx, por ejemplo, los “comunicadores” positivistas que odian todo lo que huela a pensamiento crítico.

Pero lo que queda claro es que Delfina Gómez tendría que sentirse avergonzada por el enorme desequilibrio entre sus capacidades manifiestas y sus ambiciones inducidas por el líder, al grado de haber dado la espalda a su mentor y patrocinador original.

Dijo López, palabras más, palabras menos, que Álvarez-Buylla es demasiado buena como para dejarla ir del CONACyT, como se especuló en algunos medios despistados. Que es precisamente por sus virtudes que no irá al relevo de Delfina… aunque usted no lo crea.

La diferencia entre un líder populista que premia la mediocridad porque no quiere ser opacado por nadie, y un auténtico líder popular que impulsa cambios verdaderos, la encontramos en la exposición de motivos del nuevo presidente de Colombia -que va por la despenalización de las drogas, gravar las fortunas de los megarricos y empoderar realmente a las mujeres colombianas, no solo a sus amigas- mientras don Andrés, quien habiendo prometido devolver a los militares a sus cuarteles, termina militarizando plenamente al país por sus purititas pistolas, ignorando olímpicamente la Constitución que juró cumplir y hacer cumplir.

Mientras Joe Biden -quien no goza de la simpatía que le profesaba AMLO al fascista Trump– envió una iniciativa al Senado, aprobada por los demócratas, conocida como ‘Ley de Reducción de la Inflación‘ que contempla 430.000 millones de dólares en 10 años para el cambio climático, bajar los precios de las medicinas y cobrar más impuestos a los megarricos, con lo que pretenden ganancias por 740.000 millones de dólares, el mandatario mexicano que se dice de izquierda canturrea cotidianamente su famosa y raquítica pensión para adultos mayores de mil quinientos pesos mensuales.

Don Andrés, con todo respeto, con eso de que la Guardia Nacional conserva su carácter constitucional “civil”, aunque dependa de la SEDENA, ¿me quiere usted ver la cara de imbécil?

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