martes, noviembre 29

¿Cae la UAEMex en manos de Torquemada? LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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Parece cacería de brujas que 200 profesores, alumnos y funcionarios sean cesados por “acoso sexual”

Es ampliamente conocido el conservadurismo extremo del actual rector de la máxima casa de estudios del Estado de México, Fray Carlos Eduardo Barrera Díaz, mojigatería que le lleva a despreciar a la prensa crítica y a perseguir cualquier gesto, cualquier mirada, cualquier indicio que, según sus estrechos criterios para entender la sexualidad humana, puedan ser interpretados por las instancias inquisidoras que comanda, como una “desviación perversa”.

Entendemos perfectamente la terrible situación que viven las mujeres mexicanas desde hace siglos de represión patriarcal. Pero cuando una institución universitaria condena a centenares de los miembros de su comunidad, entre ellos a 80 profesores, como pervertidos sexuales, eso suena a macartismo, y entonces es urgente prender los focos rojos porque a todas luces puede tratarse de una persecución típica de la santurronería propia de la “liga de la docencia”.

Qué bueno que ahí donde haya un maestro que pide a sus alumnas favores sexuales a cambio de calificaciones, se le exhiba públicamente, se le cese de inmediato, e incluso se le castigue judicialmente, si la veracidad de su delito queda perfectamente comprobada. No es difícil actualmente aportar pruebas contundentes, en video incluso, cuando cada alumna tiene a su disposición la tecnología de los celulares y el apoyo de sus amigos y compañeros.

Pero cuando niñas fifís frustradas porque no estudiaron para un examen, o molestas porque el maestro puso en evidencia su ignorancia -no con el afán de humillarla, sino de estimularla a que se supere-, inventan haber recibido insinuaciones indecorosas, eso ya puede derivar en lo que describimos como una histeria colectiva para acabar con maestros exigentes, que es justamente lo que se requiere para mejorar el pésimo nivel académico de la universidad.

Las y los feministas de corazón debemos aprender a identificar y desechar el hembrismo revanchista y destructor. Así que ojo con autoridades que pretendan convertir a la máxima casa de estudios de nuestra entidad en un convento. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no le alumbre.

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