viernes, junio 21

Dos de octubre… sí se olvida. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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55 años después, un Gobierno “de izquierda” postula al nieto de Marcelino García B. para la Ciudad de México

Si lo del bastón de mando fuera en serio, estaríamos ante la aberrante situación de que la casi segura próxima Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, está encaprichada en imponer en la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México –sede de la matanza del 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco–, nada menos que al nieto del general Marcelino García Barragán, el secretario de la Defensa de Gustavo Díaz Ordaz, ¡autor intelectual confeso de esa masacre!

Afortunadamente parece que lo del bastón de mando no va muy en serio. Cuestionado hoy en su conferencia matutina sobre la pertenencia demostrada del policía Omar García Harfuch al equipo del villano favorito de don Andrés, Genaro García Luna, el mandatario dijo textualmente “vamos a dejarlo”, después de una de esas larguísimas peroratas sobre “la sabiduría del pueblo de México“, aseguró que la gente puede no saber qué es lo que le conviene, pero siempre sabe qué no le conviene, y cerró su sugerencia de que no voten por Harfuch con la frase lapidaria: “Hay que tener cuidado con los farsantes”.Omar García Harfuch

García Harfuch creció en un ambiente familiar en el que su abuelo seguramente hablaba pestes de los estudiantes “revoltosos y comunistas” ¡a los que había que exterminar! Y en el que su padre fue nombrado titular de la ahora desaparecida Dirección Federal de Seguridad en 1976, dependencia de la Secretaría de Gobernación configurada como la policía política del Estado y encargada de la guerra sucia en los años setenta, responsabilidad que desempeñó hasta 1978, año en que fue promovido a subsecretario de la misma dependencia.

Para quienes dicen que nadie es responsable de las atrocidades cometidas por sus familiares, hay que reconocerles que, desde luego, tienen razón. Pero también habría que recordarles que en un país tan polarizado como el nuestro, resulta de muy mal gusto -por decir lo menos- que nos propongan a alguien con esos antecedentes y encima implicado en “la verdad histórica de Ayotzinapa“, para jefe de Gobierno.Padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa

Pero sobre todo, la ocurrencia de Claudia Sheinbaum resulta, a la luz de estas expresiones vejatorias de López Obrador, tremendamente irracional, inoportuna y hasta suicida, porque su primera decisión ya con el “bastón de mando” en las manos, fue contrariar a quien dice venerar (no al grado de andarle besando la mano en público como cierta alcaldesa mexiquense, pero sí de imitarlo y emularlo hasta en el modo de hablar) lo que no presagia nada bueno para alguien tan meticuloso en asuntos de cesión del poder como el líder indiscutible (y al parecer insustituible de la 4té) cuando el palo ése se transforme en banda presidencial.

En resumidas cuentas, don Andrés incita de manera nada subliminal a los capitalinos a que no voten por García Harfuch, sobre quien señala textualmente: “hay que tener cuidado con los farsantes”. Y refrenda su confianza en que el pueblo es mucha pieza, y es uno de los más politizados del mundo, en contraste dijo, con lo que opinó Guillermo Sheridan en el último párrafo de una colaboración en El Universal, ¡publicada hace 18 meses!:AMLO

“Yo no creo en la grandeza. El mexicano es ignorante, violento, tonto, fanático, corrupto, ladrón, abusivo, caprichoso, cursi, temperamental, alcohólico, arbitrario, golpea a las mujeres y a los niños, idolatra el ruido, tira basura, no respeta el derecho ajeno, se pasa los altos, evade impuestos, comete todo tipo de transas, cree que la ley no es la ley y no sabe tirar penaltis. Y conste que sólo me referí a la clase alta…”

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