sábado, marzo 2

PISA… y corre. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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“Aunque les pese, ya tenemos uno de los mejores sistemas de salud del mundo”: AMLO

FRASE DEL DÍA:

“No se utilizará a policías ni Guardia Nacional para reprimir al pueblo”: Claudia Sheinbaum
[¡Hombre, qué amable! ¿pero eso quiere decir que piensa usar a la Marina?]

Don Andrés Samuel, perdón Manuel López Obrador, con todo respeto, es un hombre chapado a la antigua. Y contra lo que piensa de sí mismo -y sus leales fanáticos negarían a mentada de madre pura-, es un tipo profundamente conservador.

Don Andrés procura la “felicidad” de los pobres allegándoles pensiones y becas que jamás los sacarán de la pobreza, pero al menos les permiten ciertos lujos como el de comprar un chingo de tortillas. Xóchitl Gálvez, una indígena “aspiracionista” dice que a los pobres hay que eliminarlos, es decir, convertirlos en clasemedieros. Al presidente, quien hace a diario caravana ajena con nuestros impuestos, la idea de que los pobres desaparecieran le horroriza, porque en ellos tiene -como lo ha confesado- su base más firme de leales agradecidos, “los que siempre lo han sacado adelante”.Xóchitl Gálvez

A López Obrador parece irritarle que las mujeres reclamen sus derechos. Le molestan los zapatistas. Los autodefensas. Los estudiantes que fuman marihuana. El aborto. Le importan un bledo los resultados de la prueba PISA. Don Andrés se refiere a diario a su antecesor en el cargo -uno de los peores saqueadores del neoliberalismo salvaje- con gran “consideración y respeto”, como “el licenciado Peña Nieto“. Y a Carlos Slim, entre otros de su especie, en lugar de aumentarles los impuestos como un mínimo compromiso con la equidad, les ha dado contratos multimillonarios que engrandecen aún más sus descomunales fortunas.

Aun así, don Andrés, que le pagó al consorcio Liverpool ¡2 mil millones de pesos por una bodega vacía!, jura que él es un hombre de izquierda, aun cuando su política económica no difiere un ápice de las ejercidas por sus odiados neoporfiristas, fuera de aumentos atípicos al salario mínimo que, de cualquier modo, no superan la inflación.AMLO y la bodega de Liverpool

Y digo que es un hombre chapado a la antigua porque no puede deshacerse, quizá por su origen tabasqueño, de sus fijaciones juveniles respecto del petróleo. En un mundo que clama por la reconversión energética limpia, él sigue obsesionado con la idea anacrónica, obsoleta y sucia de su inservible refinería, en pleno auge del cambio climático devastador. Y no hay poder humano que le haga cambiar de idea. Ya pueden azotarnos los peores huracanes atípicos de la historia y él seguirá soñando con que será el pueblo bueno el que lo saque adelante con la “autoconstrucción”. Como si en cada familia mexicana hubiera por lo menos un albañil.

Claro que si de lo que se trata es de levantar una choza de cartón con techo de lámina, donde pernocten los esclavos de la industria turística transnacional, cualquiera puede hacerla de arquitecto.Acapulco destruido por Otis

Don Andrés es un hombre que odia las tarjetas de crédito y anda sin dinero en la cartera; solo trae cargando sus estampitas de “Detente” más ahora que comprobaron su altísima eficacia para prevenir y hasta curar el coronavirus. Encumbra a los militares y abraza a los delincuentes, al más puro estilo de la política bananera. Desprecia nuestro conservador presidente a la Ciencia aunque ama la cultura, sobre todo la prehispánica. Adora que los maestros entrenen a los niños no en la comprensión de lectura y las operaciones matemáticas, sino en el comportamiento cívico comunitario y los aleccionen sobre las bondades axiomáticas de la cuarta transformación, para que desarrollen lealtades al movimiento, al más puro estilo de Jojo Rabbit.Hitler y Jojo Rabbit

Finalmente (solo por hoy), el mandatario sigue empecinado, porque él es tan persistente como el incansable ganso, en crear la farmaciototota más grande del mundo, levantada casualmente en Huehuetoca, desde donde se distribuirá cualquier medicina a cualquier parte del país en menos de 24 horas, con lo que el Aeropuerto Felipe Ángeles quedaría perfectamente justificado, lo que le permitiría a nuestro gran líder hacer valer sus fantasías nocturnas y su temeraria afirmación de hoy, en el sentido de que “aunque nos pese, ya tenemos uno de los mejores sistemas de salud del mundo”.

 

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