lunes, marzo 2

La muerte de Jameneí acelera la guerra regional y desata celebraciones en Irán

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La ofensiva de EE UU e Israel abre un escenario de inestabilidad política y energética

Por Cony Citalán

La ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán se transformó en un conflicto regional de gran escala en menos de 72 horas y alcanzó un punto crítico con la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jameneí, durante los bombardeos del fin de semana.

El balance provisional supera los 600 muertos, de los cuales al menos 555 se concentran en territorio iraní, según la Media Luna Roja, organización reconocida internacionalmente por su labor humanitaria en conflictos armados y emergencias e integrante del Movimiento Internacional de la Cruz Roja. Los ataques alcanzaron Teherán y otras provincias, mientras Irán respondió con misiles y drones contra Israel y bases militares estadounidenses y aliadas en el Golfo Pérsico y el Mediterráneo oriental.

La muerte de Jameneí —quien gobernó Irán con mano de hierro durante casi cuatro décadas— provocó escenas inéditas de celebración en varias ciudades del país. Pese a los cortes de telefonía y el clima de guerra, miles de iraníes salieron a las calles con cánticos, bailes y fuegos artificiales. Desde balcones y azoteas se escucharon consignas de “libertad”, mientras vehículos tocaban el claxon y se difundían imágenes de monumentos derribados.

Para amplios sectores de la población, la noticia tuvo un carácter catártico. Familias marcadas por la represión, las protestas sangrientas y las ejecuciones celebraron el fin del dirigente que ordenó el uso de fuerza letal contra manifestantes, con miles de muertos según organizaciones de derechos humanos. En contraste, los seguidores del régimen permanecieron prácticamente ausentes del espacio público.

En el plano militar, Israel aseguró haber destruido unas 600 infraestructuras estratégicas iraníes, incluidos sistemas de defensa aérea y misiles balísticos. Washington confirmó que la operación —denominada Furia Épica— no será breve. El presidente Donald Trump anticipó una campaña de hasta cuatro semanas, mientras Irán descartó cualquier negociación y advirtió que está preparado para una guerra prolongada.

El conflicto también se extendió a Líbano, donde Israel bombardeó posiciones de Hezbolá, y a Chipre, tras el impacto de un dron iraní en una base británica. La Organización Internacional de la Energía Atómica afirmó no tener constancia de daños en instalaciones nucleares iraníes, aunque reconoció falta de comunicación con Teherán.

Las consecuencias ya son globales. El temor a un cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 % del petróleo y gas mundial, disparó los precios del crudo y del gas en los mercados internacionales. Arabia Saudí cerró preventivamente una de sus principales refinerías tras un ataque con drones.

Mientras China pidió el cese inmediato de las hostilidades y Europa reclamó contención sin condenar explícitamente la ofensiva, la desaparición de Jameneí abre un vacío de poder en Irán y acelera un escenario de incertidumbre política, militar y económica, con riesgos de desestabilización prolongada dentro y fuera de la región.

 

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