miércoles, mayo 27

Ya estoy cansada de cambiar pañales: Sheinbaum. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López S.

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Según Héctor de Mauleón, todo el mundo estaba ya harto de los desplantes soberbios de “Andy”

Para Héctor de Mauleón (“Las extrañas prisas de Andy“. El Universal), la súbita retirada de Andrés Manuel López Beltrán de la primera línea de Morena no huele a simple reorganización política, sino a repliegue preventivo de quien pasó de heredero imperial a potencial problema diplomático.

De Mauleón retrata a Andy como un operador inflado por el apellido, temido más por la charola invisible de “hijo de ya saben quién” que por talento propio. Lo describe como un personaje incómodo incluso dentro de Morena: gobernadores fastidiados por sus desplantes, dirigentes cansados de sus imposiciones y cuadros del partido burlándose en corto de su torpeza política y su soberbia.

Según la columna, el supuesto “gran operador electoral” acumuló más derrotas que triunfos: fracasó en Durango y Veracruz, prometió decenas de millones de votos para la elección judicial y apenas entregó una fracción miserable. Encima, protagonizó episodios bochornosos, como su marcha fallida en Chihuahua, donde terminó abucheado y evacuado casi como estrella de rock en retirada.

El texto pinta además a Andy como integrante privilegiado de una camarilla que habría metido mano en los grandes negocios del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Sus excesos, viajes y desplantes, dice De Mauleón, comenzaron incluso a erosionar la imagen de Claudia Sheinbaum, quien presuntamente terminó harta “de cambiar pañales” políticos.

Pero el verdadero veneno de la columna aparece cuando conecta la renuncia de Andy con la visita a Palacio Nacional del senador estadounidense Markwayne Mullin y el endurecimiento de Washington contra políticos mexicanos presuntamente ligados al crimen organizado y al huachicol.

De Mauleón sugiere que las “prisas” de Andy coinciden demasiado convenientemente con las investigaciones estadounidenses sobre redes de tráfico de combustible robado y financiamiento político, en las que aparecen nombres cercanos a Morena, incluido el suyo. El periodista recuerda que en esas pesquisas se menciona también a Adán Augusto López Hernández, otro personaje que —según su lectura— pasó de hombre intocable del obradorismo a político que ahora “camina de puntitas”.

La columna gira alrededor de una sospecha demoledora: que Andy no renunció por humildad ni estrategia electoral, sino porque el obradorismo entendió que el apellido ya no alcanzaba para blindarlo frente a la presión de Estados Unidos.

Y remata con la pregunta que atraviesa todo el texto como amenaza apenas disimulada: si el hijo del expresidente terminó convertido en moneda de cambio para aliviar tensiones con Washington.

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