Sheinbaum no convocó a la Nación, sino al morenismo duro. LA VERSIÓN NO OFICIAL

La única forma de desactivar el injerencismo yanqui es encarcelando, aquí, a los narcopolíticos
Por Jesús López Segura
La presidenta Claudia Sheinbaum convocó este domingo a la burocracia morenista a respaldarla en una lucha ficticia contra molinos de viento. No hizo un llamado urgente a la nación para acompañarla en una verdadera cruzada contra los políticos corruptos —de Morena y de todos los partidos— coludidos, abierta o discretamente, con el crimen organizado.
En realidad, no existe una ofensiva personal de Donald Trump contra ella. El día que Sheinbaum se decidiera a encarcelar, aquí, en México, a la multitud de narcopolíticos que operan desde las más altas esferas del poder hasta las posiciones más modestas de las corporaciones policiales, la amenaza trumpista se evaporaría de inmediato y el mundo entero reconocería el valor y la congruencia de la primera mujer en gobernar el país.
Las plazas de las principales ciudades se llenaron de acarreados. Pero no para respaldar a la mandataria en la tarea histórica de limpiar al Estado mexicano de funcionarios que sirven, simultáneamente, al gobierno y al crimen organizado. No para acompañarla en el combate contra quienes, desde posiciones oficiales, protegen a las mafias que extorsionan, secuestran y asesinan a una población indefensa.
Mientras Sheinbaum siga ocultando su temor —o su imposibilidad— para enfrentar ese cáncer que invade al sistema político mexicano detrás de encendidos discursos soberanistas, la amenaza de una intervención estadounidense continuará presente. Y lo hará acompañada de una frase cada vez más humillante: “Si no lo hace usted, nos veremos obligados a hacerlo nosotros”.
Lo paradójico es que ese discurso nacionalista entusiasma precisamente a los sectores políticos que más tendrían que temer una auténtica depuración institucional. Son ellos quienes financian los espectáculos multitudinarios, movilizan recursos públicos y privados para llenar plazas y convierten la defensa de ciertos intereses inconfesables en una supuesta defensa de la soberanía nacional.
“No creo que sea el presidente Trump quien encabece esta ofensiva contra México“, reiteró hoy la mandataria en su Mañanera. “Son sectores estadunidenses de la ultraderecha los que no quieren que haya una buena relación y se juntan con la ultraderecha en México… A diferencia de los humanistas, son muy autoritarios. Tenemos muchas diferencias con el gobierno de Estados Unidos, pero buscamos las coincidencias”.
Sin embargo, si Sheinbaum convocara a la nación entera —a ciudadanos sin partido y a militantes de todas las fuerzas políticas— para emprender la verdadera batalla contra los jefes reales de las mafias criminales, es decir, los narcopolíticos parapetados en cargos públicos y protegidos por redes de complicidad judicial y empresarial, no necesitaría acarreados ni mítines organizados desde el poder para despotricar contra la oposición, acusándola —indistintamente y sin matices— de extrema derecha nacional o internacional.
Millones llenaríamos espontáneamente las plazas públicas del país para respaldar a una presidenta que decidiera, como Grecia Quiroz, tomar por los cuernos el toro de nuestra desgracia nacional. Decenas de gobiernos extranjeros aplaudirían una hazaña de esa magnitud y México tendría, por fin, una mandataria destinada a ocupar un lugar privilegiado en la historia.
Pero para eso habría que combatir a los criminales de carne y hueso que operan dentro del Estado, no a los fantasmas ideológicos que resultan tan útiles para distraer la atención.
Todos sabemos que ni Trump con sus huestes neofascistas, y ni siquiera los demócratas quieren atrapar a narcopolíticos mexicanos por amor a la verdad ni nada por el estilo, sino para usar esas fanfarronadas justicieras como propaganda en sus propios procesos electorales. Sheinbaum no necesita recordárnoslo. Pero también sabemos que la única forma decente de desenmascararlos es cumpliendo nosotros rigurosamente con la ley. Porque de otra forma lo único que parece —y en política las apariencias cuentan tanto o más que las realidades— es que la Presidenta de México está empeñada en defender a los narcopolíticos. Como bien dice el senador Higinio Martínez, los narcopolíticos son unos cuantos y deben ser denunciados, porque de otro modo se acusa a todo el morenismo de ese gravísimo delito.





