La sucesión mexiquense: ¿Horacio o Higinio? LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

Un reportaje del NewYork Times refleja el inexorable debilitamiento del obradorismo duro
Con la claridad que le caracteriza, el Senador Higinio Martínez emitió este fin de semana un mensaje con profundo contenido político:
“Este día acompañé a la Gobernadora del #EstadoDeMéxico, la maestra Delfina Gómez Álvarez a la inauguración de una represa, vaso u olla, como se les llama, de captación de agua de un poco más de una hectárea de dimensión. Invitados por el Presidente Municipal Nazario Gutiérrez Martínez, la Gobernadora mostró cómo el trabajo en conjunto de su gobierno, el municipal y los productores de la comunidad de #Nativitas dio resultados favorables. Animado por la gobernadora a decir unas palabras ratifiqué mi amistad, lealtad y compromiso con ella y recordé que cuando ella gobernó #Texcoco yo fui quien la sucedió cuando terminó su mandato. Que esa continuidad dio buenos resultados. Puede que se sigan dando si se mantiene un equipo como ella lo dijo. ¡El trabajo en equipo es el único que da resultados! ¡Felicidades a mis vecinos de Nativitas, Texcoco, a la Gobernadora y al Presidente Municipal!”
Paralelamente, un reportaje de The New York Times, publicado el mismo fin de semana, exhibe que, a nivel nacional, por debajo de la mesa gobernadores, legisladores y otros cuadros de Morena ya negocian con las autoridades estadounidenses para entregar información sobre sus compañeros. No por patriotismo, sino por instinto de supervivencia.
Conforme se acercan las elecciones de 2027, esa fractura amenaza con profundizarse. La pelea por las candidaturas dejará de ser una disputa de grupos para convertirse en una batalla por la sobrevivencia política. De un lado, el obradorismo duro buscará preservar los espacios de poder de sus operadores, varios de ellos bajo el radar de las investigaciones estadounidenses. Del otro, el sector alineado con Claudia Sheinbaum intentará evitar que Morena vuelva a postular perfiles cuya cercanía con el crimen organizado pueda convertirse en una bomba electoral.
En ese contexto cobra especial relevancia la sorpresiva reaparición conjunta de la gobernadora Delfina Gómez y el senador Higinio Martínez en Texcoco. Más que una reconciliación sentimental, la imagen se proyecta como un claro mensaje político. En el municipio donde nació el llamado Grupo Texcoco, ambos reivindicaron públicamente la “amistad”, la “lealtad” y el “trabajo en equipo”, justamente cuando Morena comienza a definir el reparto del poder rumbo a 2027.
El simbolismo es evidente. Mientras a nivel nacional arrecian las tensiones entre el obradorismo duro –donde se inscribe el secretario general de Gobierno mexiquense, ausente por cierto en el evento texcocano–, y el nuevo liderazgo político de Sheinbaum, la gobernadora Gómez y el senador Martínez envían la señal de que, al menos por ahora, prefieren cerrar filas antes que exhibir fracturas que puedan ser aprovechadas por sus adversarios internos y externos.
La ausencia del secretario Horacio Duarte, ex director de Aduanas, alimentó las especulaciones sobre los reacomodos que ya están en marcha. Porque la verdadera disputa ya no será contra la oposición, sino dentro de Morena. El objetivo consiste en decidir quién controla las candidaturas y, sobre todo, quién logra impedir que personajes incómodos, perseguidos por Washington o salpicados por señalamientos de vínculos inconvenientes, vuelvan a convertirse en el rostro del movimiento.
En esa tarea, Ariadna Montiel tendrá probablemente la misión más complicada de su naciente dirigencia nacional. Por instrucciones de la presidenta Sheinbaum, deberá conducir una depuración política que inevitablemente chocará con los intereses del obradorismo duro. Si el reportaje de The New York Times refleja la realidad, la guerra interna ya comenzó: unos buscan proteger el legado obscuro del obradorismo salvaje; otros, salvar a Morena de cargar con candidatos cuya mayor fortaleza electoral podría terminar siendo su mayor vulnerabilidad.





