jueves, julio 16

Dice ahora Marina del Pilar que Jaime Bonilla la chamaqueó. AL GRANO. Por Jesús López Segura

0
2

“Le hizo creer que la pondría en contacto con agentes gringos para resolver lo de su visa”

La defensa de Marina del Pilar Ávila frente al escándalo de los audios parece escrita por el peor abogado de ficción política: ahora resulta que la gobernadora de Baja California no habló con supuestos agentes estadounidenses por iniciativa propia, sino porque cayó en una “trampa” tendida nada menos que por su antecesor y hoy adversario político, Jaime Bonilla.

Según su nueva versión, todo fue una elaborada operación de engaño. Bonilla le ofreció un acercamiento con funcionarios de Estados Unidos para revisar el problema de la cancelación de su visa; ella, asegura, acudió “de buena fe”, y terminó conversando con personajes que jamás representaron oficialmente al gobierno estadounidense. Es decir, pretende que el país crea que una gobernadora fue engañada con una facilidad que raya en la más pueril de las ingenuidades.

Lo verdaderamente revelador es que Marina del Pilar admite que sostuvo aquella reunión y reconoce que los audios corresponden a ese encuentro. La diferencia es que ahora intenta convencer a la opinión pública de que fue víctima de una emboscada política y no protagonista de una conversación en la que, según las grabaciones difundidas, se muestra más que dispuesta a colaborar con quienes ella creyó que eran representantes de un gobierno extranjero. Servirles como espía, pues.

Su argumento tampoco resuelve la pregunta de fondo. Si realmente estaba convencida de que dialogaba con autoridades estadounidenses, ¿por qué una gobernadora mexicana aceptaría ese tipo de encuentro al margen de los canales diplomáticos e institucionales? Y si descubrió que todo era un montaje, ¿por qué el episodio permaneció oculto hasta que los audios salieron a la luz?

Marina del Pilar insiste en que jamás entregó información reservada ni comprometió los intereses nacionales. Sin embargo, el problema ya no es únicamente el contenido de la conversación, sino la evidente disposición que mostró para participar en un diálogo que ella misma creyó oficial. La explicación cambia a los interlocutores, pero no modifica la conducta.

Ahora la mandataria culpa a Jaime Bonilla de haber montado toda la operación como una venganza política. Puede ser. Pero incluso si esa versión fuera cierta, la historia termina dejando una conclusión igualmente devastadora: o Baja California tuvo una gobernadora morenista dispuesta a conversar con supuestos agentes extranjeros fuera de los cauces institucionales, o tuvo una gobernadora incapaz de distinguir entre funcionarios reales y un montaje político. Ninguno de los dos escenarios resulta precisamente tranquilizador.

Por su parte, el exgobernador Bonilla declaró ayer mismo: “Es absurdo e ilógico que la gobernadora me quiera culpar a mí, que soy su principal enemigo (sic) desde hace años y lo he sido públicamente, de haber tenido algo que ver en sus tratos con Estados Unidos. ¿Tu confiarías en un enemigo tuyo para que te siente a negociar o a dialogar con alguien para resolverte un problema?”, preguntó el hoy dirigente del PT en Baja California, quien acusó a Marina del Pilar de que “está desesperada y en su desesperación quiere decirse engañada y culpar a su villano favorito”, como lo comenta Salvador García Soto en su columna de El Universal.

Comments are closed.