jueves, agosto 6

Culpa Joel González Toral a Tláloc por los baches. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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Cambiaron al director de la Junta de Caminos … pero prevalece el desastre vial

Durante meses, los automovilistas mexiquenses hemos pagado con dinero de nuestro bolsillo la factura de una red carretera abandonada. Llantas reventadas, rines doblados, suspensiones destrozadas y amortiguadores inservibles son parte del costo oculto de transitar por las vialidades del Estado de México.

En mi caso, que circulo por carreteras de competencia estatal en la zona de Metepec, la negligencia oficial ya me costó tres llantas nuevas. Y ahora resulta que el responsable de semejante desastre no es la Junta de Caminos, sino… la lluvia.

Esa es la explicación que ofrece el actual director del organismo, Joel González Toral, quien asegura que las intensas precipitaciones de este año provocaron socavones, deslaves y el agravamiento del deterioro carretero. Si nos va a ofrecer ese tipo de explicaciones, como si fuéramos estúpidos, para el caso preferimos al borrachín de su antecesor, igual de inútil pero al menos proveía material para notas divertidas.

La justificación sería aceptable, en todo caso, si las carreteras hubieran estado en buenas condiciones antes de que comenzara la temporada de lluvias.

Pero todos sabemos que no era así.

Los baches monumentales, el pavimento despedazado y los hundimientos eran el pan de cada día desde mucho antes de que cayera la primera tormenta. Los automovilistas llevábamos meses, si no años, conduciendo por caminos que parecían escenarios de un bombardeo.

Insisto: Las lluvias no destruyeron las carreteras. Simplemente exhiben el tamaño del abandono.

Lo más llamativo es que el propio funcionario terminó desmintiendo su principal argumento. En la misma entrevista reconoció que muchas carreteras presentan un deterioro estructural acumulado durante décadas y que ya no basta con tapar baches: hay que reconstruirlas prácticamente desde sus cimientos.

Entonces, el problema nunca fue Tláloc.

El problema fue haber dejado que las carreteras llegaran a un estado tan deplorable que cualquier aguacero terminara por rematarlas.

Conviene enfatizar que la Junta de Caminos ya venía arrastrando un enorme descrédito. El anterior director, Ariel Juárez, fue removido del cargo después de protagonizar un bochornoso episodio en estado de ebriedad, en un centro comercial de Metepec. El relevo hacía pensar que llegarían la disciplina, la eficiencia y una nueva forma de atender uno de los problemas que más lastiman a los mexiquenses.

El cambio de funcionario, sin embargo, no ha significado un cambio de resultados. Prevalece la misma política de dejar en el abandono zonas donde la población no votó por las autoridades actuales, como una forma de escarmiento para los siguientes comicios.

Mientras los funcionarios buscan culpables en las nubes, miles de mexiquenses seguimos pagando reparaciones que deberían ser innecesarias.

Gobernar no consiste en explicar por qué aparecen los baches después de llover. Consiste en impedir que existan antes de que empiece la temporada de lluvias.

Y esa sigue siendo la asignatura reprobada no solo por la Junta de Caminos del Estado de México, sino por las más altas autoridades que discriminan a ciudadanos que habitan en zonas dominadas por la oposición.

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