lunes, septiembre 21

¿Horacio Duarte hace campaña en Quintana Roo? AL GRANO. Por Jesús López Segura

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La derrota de Marín Mollinedo, duro golpe para Duarte y Jesús Ramírez: José Gil Olmos

La columna publicada por el semanario Proceso (“AMLO a la baja“. José Gil Olmos) plantea un desplazamiento progresivo del grupo más cercano a Andrés Manuel López Obrador en Morena y en las estructuras de poder. Gil Olmos dibuja un escenario incómodo para el obradorismo salvaje: mientras AMLO pierde espacios de influencia dentro de Morena, algunos de sus antiguos operadores “duros” todavía intentan conservarlos —y hasta exportarlos— a otros estados.

El dato más provocador está en Quintana Roo. Gil Olmos sostiene que Horacio Duarte, actual secretario general de Gobierno del Estado de México, y Jesús Ramírez, identificados con el grupo duro de AMLO, impulsaron a Rafael Marín Mollinedo para la candidatura morenista a la gubernatura:

“En Quintana Roo, por ejemplo, la derrota como candidato a gobernador de Rafael Marín Mollinedo ante Eugenio Segura, mejor conocido como “Gino”, un personaje cercano al Niño Verde, Jorge Emilio González, es un severo golpe a quienes impulsaban a Marín Mollinedo, entre ellos Horacio Duarte y Jesús Ramírez del grupo duro de AMLO“.

Si la versión es correcta, la pregunta resulta inevitable: ¿desde cuándo la Secretaría General de Gobierno mexiquense se convirtió en oficina de operación política para una gubernatura ajena?

Porque una cosa es que Horacio Duarte tenga intereses y relaciones políticas nacionales —algo inherente a su trayectoria— y otra muy distinta que, desde el segundo cargo político más importante del gobierno de Delfina Gómez, se mueva una ficha para Quintana Roo. El asunto adquiere todavía mayor interés porque Duarte y Marín Mollinedo estuvieron directamente vinculados por el relevo en la Agencia Nacional de Aduanas: en diciembre de 2022, Duarte dejó la ANAM y Marín asumió el cargo.

Y ahí aparece la paradoja mexiquense: mientras Morena presume una nueva etapa política bajo Claudia Sheinbaum, desde el corazón del gobierno del Estado de México —si hemos de atender la versión de Gil Olmos— todavía se estaría jugando con las cartas del antiguo tablero obradorista, poniendo a brincar sus pulgas en petates lejanos.

Quintana Roo sería, así, algo más que la disputa por una candidatura. Sería una pequeña radiografía de la lucha por el control de Morena: de un lado, los grupos que buscan desprenderse del viejo tutelaje de Palenque; del otro, quienes todavía intentan mantener abiertas las rutas de influencia construidas durante el sexenio anterior.

Y si Horacio Duarte realmente opera desde la Secretaría General de Gobierno mexiquense para colocar una pieza del obradorismo en Quintana Roo, la pregunta ya no sería dónde termina el poder de AMLO. Sería dónde termina el gobierno de Delfina Gómez y dónde comienza la operación política de quienes todavía creen que el Estado de México puede servir de plataforma para conquistar gobiernos ajenos.

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