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Andrés Manuel López Obrador

El punto de inflexión de la demagogia. Por Jesús López Segura. LA VERSIÓN NO OFICIAL

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Médicos y enfermeras protestan por falta de insumos

“En distintos estados, médicos y enfermeras protestaron este lunes por la falta de insumos y materiales que los protejan de la pandemia de Covid-19“, informa la revista Proceso.

“Tenemos una sobrecarga de trabajo y carecemos de equipo de protección. Las autoridades no nos dan instrucciones, apenas están en una junta informativa para ponerse de acuerdo, pero eso lo vienen haciendo desde la semana pasada y no hay una instrucción precisa y contundente aún”, destacó personal médico veracruzano que pidió el anonimato.

Si, como asegura Proceso, en diversos estados de la República el personal médico y auxiliar carece de lo más elemental para estar en condiciones de manejar la crisis del Covid-19, ¿quién puede convencernos de que las cifras que a diario expone el elocuente subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, tienen algún lejano reflejo en la realidad?

Otra pista que me hace dudar de que el famoso “punto de inflexión” en la evolución de la pandemia -cuando se disparan los contagios comunitarios-, se contuvo exitosamente en México -a diferencia de Francia, España, Alemania y Estados Unidos, entre otras potencias extranjeras- y que más bien me hace pensar que ya se rebasó desde hace mucho, pero los López (Hugo y Andrés) no se han enterado, es el hecho de que dos de mis hijos padecen la enfermedad y nadie absolutamente, excepto nosotros, su familia, se ha enterado.

Una de mis hijas vive en México. Su esposo se enfermó de “algún tipo de gripe” con síntomas inequívocos: alza en su temperatura (“calentura” dice el Presidente), terrible dolor de cabeza, moqueo y dolor de cuerpo. Ella se contagió y él ya está recuperándose. Cuando me comentaron que mucha gente en la Colonia y en su trabajo padecía esa misma gripe, les dije que sin duda se trata del Covid-19 del que su esposo ya salió y ella, joven y sin enfermedades crónicas ni embarazo, seguramente también va a superar con el paso de los días.

Pero mi hijo, que vive muy cerca de nosotros aquí, en el Valle de Toluca, también enfermó, con síntomas similares, sin haber tenido ningún contacto con su hermana desde hace meses. Ambos, desde luego, están en cuarentena.

Cuando dos casos tan distantes geográficamente ocurren en el seno de una misma familia de escasos 5 integrantes -y nos consta que esos dos casos tan cercanos no figuran en la contabilidad que lleva el Sr. López-Gatell-, entonces podemos inferir que la pandemia ya se ha extendido profusamente, pero casi toda la gente piensa que, como todavía no habíamos entrado oficialmente en la Fase 2 -hasta ayer- seguramente “la gripe” que padecieron no era el temido Covid-19.

Todos sabemos que los servicios de Salud en este país son una auténtica mierda. Salvo los ricos, que cuentan con seguros médicos de gastos mayores para acudir a los hospitales 5 estrellas, la inmensa mayoría tiene que visitar a la doctora de la farmacia de “similares” que cobra 30 pesos la consulta y receta medicinas mucho más baratas que las de patente, prescritas por los doctores fifí que cobran en sus lujosos consultorios entre 800 y mil 200 pesos la “consulta”, la cual, en la inmensa mayoría de los casos, se limita a una toma de presión y temperatura, un vistazo a la garganta, una charla breve y una receta tipo escopetazo que nos costará el doble de lo que cobró el galeno por la consulta.

Los que “gozan” de seguridad social y trabajan para el Estado, terminarán, tarde o temprano, acudiendo a esa misma doctora de la farmacia similar y anexas porque las colas en el ISSSTE o el ISSEMyM, las fichas, la falta de insumos y la espantosa burocracia de los hospitales del Estado, terminarán minando su salud hasta puntos no imaginados ni jamás diagnosticados.

Dudo mucho de las cifras alegres del Sup Gatell. Dudo también de las cifras que ayer nos manejaba el Secretario Durazo sobre “el punto de inflexión” a la baja en los indicadores de inseguridad. Cuando hace meses vimos correr a Durazo, con la cola entre las patas, dejando libre al hijo del Chapo en Culiacán, “para no generar más violencia”, supimos que, en la capital de Sinaloa, como en muchos otros sitios del país, quien manda es el narco. Punto.

Dejaron libre a un criminal de esa envergadura sin ruborizarse siquiera, pero critican a diario el “pacto” que García Luna mantuvo con El Chapo, “sin que Borolas se enterara”.

Ojalá me equivoque y las protestas de los médicos y enfermeras veracruzanos sea un complot de los conservadores para desacreditar al gobierno morenista de la entidad. Ojalá que la política de besos y abrazos del Presidente López Obrador, contraviniendo las recomendaciones del Sup López-Gatell haya sido tan afortunada que superó la estrategia seguida por todas las potencias del mundo en materia de contención de la pandemia.

Ojalá mi mente traicionera no me obligue a considerar surrealista la foto de los funcionarios apiñados alrededor de López Obrador, precisamente mientras anuncian el arranque oficial de la Fase 2 y de la “sana distancia”, concepto originalmente pervertido por el priismo zedillista.

Ojalá el INSABI de veras nos ofrezca a los mexicanos una atención sanitaria de primer mundo, como nos ha prometido el Presidente. Ojalá su estrategia de militarizar al país mucho más allá de lo que Calderón siquiera imaginó, termine por doblegar a los criminales que se han adueñado por completo de México.

“Si el Ejército ya construía aeropuertos y controlaba la seguridad civil y la migración ilegal, a través de la Guardia Nacional, además de controlar la distribución de combustibles y combatir el huachicoleo, ahora también se encargarán de la salud de los mexicanos en medio de la peor pandemia que haya conocido la humanidad en las épocas recientes”, dice Salvador García Soto en su famosa columna Serpientes y Escaleras de El Universal.

Ojalá que mis dudas terribles sobre el punto de inflexión de la demagogia desatada, no vaticinen tal nivel de hartazgo que nos haga anhelar un gobierno tipo Bolsonaro, o lo que es mucho peor, tipo Enrique Peña Nieto y su pandilla.

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