martes, julio 16

Estampas de la polarización nacional. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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“¡Militaristas obsecuentes!”, gritamos unos. “¡Pedorros baquetones!” responden los otros

https://youtu.be/hvGwpmdxuJI

Son ya demasiados años, lustros, décadas en un baño de sangre ininterrumpido los que ha tenido que soportar el estoico pueblo mexicano. No es de extrañar que los síntomas más explosivos de la gravísima polarización nacional -impulsada inequívocamente por el Presidente López Obrador, quien estaría más bien obligado a la reconciliación nacional- estallen, en sus formas más grotescas, alrededor del tema de la inseguridad.

La senadora Lucía Trasviña, por ejemplo, llamó “miopes” y “cómplices silenciosos del crimen organizado”, a los senadores de la oposición, preguntándoles dónde estaban cuando Genaro García Luna, Luis Cárdenas Palomino y Tomás Zerón de Lucio hacían de las suyas.

“Estaban a toda madre, chingándose el dinero del pueblo, baquetones, sinvergüenzas, cínicos. Tan cínicos así que se han olvidado de los orígenes de nuestra humanidad, de la humanidad de donde nosotros venimos…” [quizá intentando referirse a la presunta vocación humanista de su secta legislativa, o algo por el estilo].

Luego de mostrarse en extremo sumisa ante la figura de los militares “invitados” a la comparecencia de la secretaria de Seguridad, Rosa Isela Rodríguez -que tuvo que apechugarle ante la inapelable decisión del comandante en jefe de dejar fuera de cualquier cuestionamiento, legislativo o periodístico, a los mandos militares-, la respetabilísima senadora Trasviña, quien por cierto ha estado ejerciendo una clara violencia política de género contra Lilly Téllezviolencia no solo verbal sino de agresivo lenguaje corporal-, soltó su andanada de insultos.

Esta senadora gruñona y malhablada que se cuela en todas las fotografías con los machuchones (¿será que quiere ser corcholata?) hace pareja ideal con don Adán Augusto López, pues ambos representan -con su aspecto nada amigable- el rostro duro del autoritarismo obradorista disimulado con expresiones de presunto “amor” a un pueblo masacrado.

Ambos son regañones, intolerantes y agresivos. Como si fueran los padres malhumorados o los abuelos cascarrabias de la 4Té, se sienten con arrestos para poner en su lugar, con cajas destempladas, a gobernadores (especialmente jóvenes como el de Nuevo León) o a senadores críticos como Germán Martínez y, en especial, a la probablemente mujer más odiada por los chairos machistas, Lilly Téllez.

Destaca La Jornada en nota de ocho columnas de su primera plana, la hipótesis muy difícil de demostrar de Rosa Icela Rodríguez (pero muy aplaudida en el Senado por los morenistas) de que “en México hay un gobierno civil y un Ejército de paz que no persigue ni criminaliza, sino que protege a la sociedad, por lo que carece de sustento la afirmación de los opositores de que el país avanza a la militarización… pues aquí no gobiernan los militares”.

Y ya encarrerados, los antes críticos redactores de ese diario de pasado glorioso, creen descubrir el agua tibia al advertir, sesudamente, que los opositores critican a la Guardia Nacional en público, pero en privado le solicitan protección para sus estados y hasta para sus familias (refiriéndose a Lilly Téllez que demanda protección para su hijo).

Rosa Icela, autoridad civil, muy pronto será despojada, por decisión inapelable de su jefe, del control sobre la Guardia Nacional y para ello trabaja arduamente el secretario Augusto López desde que le ofreció a “Alito” impunidad y a Monreal ser incluido en el show ilegal y lastimoso de las corcholatas (aunque luego su hermano David le apestó el negocio) para que los militares se hagan cargo por completo de la tarea fundamental que le daría sentido a la secretaria de “Seguridad“.

¿Cómo se atreve a decir Rosa Icela que en México hay una autoridad civil y un Ejército de paz cuando se está entregando todo el poder a los militares?

Con excepción quizá de Felipe Calderón, nadie ha hablado en el país de un golpe militar al estilo de los gorilatos latinoamericanos del siglo pasado, como para que doña Rosa Icela y sus admiradores consideren motivo de celebración que todavía tenemos un presidente civil.

https://youtu.be/s6bkBxO9w6Q

Salvo los infectados por la pandemia de odio feminicida que priva en México, nadie en su sano juicio podría criticar a Lilly Téllez por solicitar protección para su hijo, o que un gobernador en desacuerdo con la militarización de la Guardia Nacional, solicite su auxilio para contener la violencia despiadada que ejercen los criminales en su estado.

Se critica no a la Guardia Nacional -que de una vez por todas les quede claro-, sino al hecho de que se le ordene no actuar contra los criminales y se le quiera supeditar al mando militar

O no entienden una diferencia tan diáfana y sencilla, o de plano ocultan algo siniestro e inconfesable, como sería utilizar al Ejército para perpetuarse en el poder, al igual que los Maduros y los Daniel Ortega, para vergüenza de la humanidad. Ya veremos.

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