martes, noviembre 29

Encabeza Monreal la verdadera “revolución de las conciencias”. Por Jesús López Segura

En el Edomex, Ana Lilia Herrera es linchada mediáticamente porque "Dante la despreció"
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En el Edomex, Ana Lilia Herrera es linchada mediáticamente porque “Dante la despreció”

 

La hora de la ruptura en el morenismo nacional se aproxima rápidamente y es el propio Presidente López Obrador, a través de su secretario de Gobernación, el bipolar Adán Augusto López Hernández, quien impulsa irracionalmente el hartazgo del senador Ricardo Monreal, arrastrándolo finalmente al límite, como el mismo legislador rebelde dice, de su dignidad.

¿Alguien en su sano juicio puede creer que Layda Sansores actúa al margen de la voluntad del Presidente, por mucho que éste simule un regaño público para taparle el ojo al macho?

Mientras la derecha nacional, nostálgica del saqueo, junto con sus fieles voceros de prensa nutridos por la intelectualidad ex orgánica, sueñan con una regresión política, el Presidente y líder de la llamada 4té propicia la ruptura de su propio movimiento por una sola sinrazón: don Andrés ha visto tantas traiciones a lo largo de su eterna lucha política que, una vez en el poder, se ha convertido en un líder todopoderoso que no admite se le contradiga. O estás con él o en su contra, como repite continuamente en privado, pero también ha dicho en público. Y hace extensiva esa advertencia incluso a los miembros de la prensa.

El Presidente López Obrador ha llegado a odiar a Carmen Aristegui, por ejemplo, y no lo disimula porque habiéndola considerado una aliada incondicional, ella siguió cumpliendo con su papel de profesionalismo informativo una vez que el luchador social se convirtió en Presidente, es decir, no se arrojó -como algunos otros periodistas antes críticos- a los brazos del mandatario, quien se siente traicionado, sentimiento que le embargó también en el caso de Rosario Robles.

La vara con la que AMLO mide a sus seguidores -lo que también repite a diario- no se relaciona con la capacidad intelectual o técnica, ni siquiera por la lealtad a los principios, sino única y exclusivamente (acaba de señalar que en un 90%) por la lealtad hacia su persona. Por eso prefiere que Monreal se vaya del partido y no va a descansar hasta lograrlo aunque con ello provea a la hambrienta oposición de un portentoso candidato, capaz de cuestionar, desde Movimiento Ciudadano, a los corruptos del pasado, pero al mismo tiempo también las clarísimas desviaciones del movimiento encabezado por su examigo.

¿Alguien duda que el canciller Marcelo -y sus huestes del Grupo Atlacomulco y de Elba Esther Gordillo, entre muchos otros grupos de gran poder- se sumará a Monreal, en la alianza M&M, tan pronto como empiece a formalizarse el destape oficial de una de sus dos únicas corcholatas?

El senador rebelde cuenta con el respaldo decidido, por lo pronto, de 88 senadores, 39 de los 60 de Morena y otros 49 de prácticamente todas las fracciones partidistas, incluidos los independientes, que se atrevieron a dar el paso de respaldarlo, con un documento firmado, contra los embates del Presidente (a través de Layda Sansores).

La suerte está echada y solo falta ver qué trascendencia tendrá este evento, nada sorpresivo, sino largamente anunciado, en las decisiones que se tomen para la antesala del Estado de México, donde todo apunta a una alianza primorosa del gobernador Del Mazo con el Presidente para guardarle las espaldas a Enrique Peña y sus secuaces. Ana Lilia Herrera podría jugar un papel fundamental en este proceso, consciente de que no le debe nada ni a Peña ni a Del Mazo, quienes la sacrificaron, de nueva cuenta, por motivos inconfesables y que ahora promueven en la prensa local tetracolor (verde, blanco, rojo y rosa) un linchamiento contra ella, a partir de la declaración pública de Dante Delgado de que no está en negociaciones con la diputada.

Sobre esto, solo diré que no es costumbre de los pícaros y muy inteligentes veracruzanos (no tanto como los tabasqueños, diría don Adán) andar balconeando las recetas de sus guisos secretos. Solo las ollas conocen los hervores de sus caldos (dirían en “Como Agua para Chocolate”).

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