sábado, marzo 2

Los enredos de don Andrés. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

El Doctor Insólito, o como aprendí a dejar de preocuparme y a amar la bomba
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Con la nebulosa captura del Chapo júnior (Ovidio), dos días antes del arribo de un Presidente norteamericano muy molesto por la inundación masiva de fentanilo en su país -por cuenta de los Chapitos-, veneno que ha provocado la muerte de más de cien mil norteamericanos al año, nadie en su sano juicio podría desestimar la picaresca tabasqueña de que, dependiendo de las circunstancias, o simplemente cuando le viene en gana, don Andrés puede hacer a un lado su máxima “inamovible” de los abrazos, para darle rienda suelta a los balazos.

Y digo nebulosa captura porque, por una parte, el general secretario Luis Cresencio Sandoval dijo que se planeó durante 6 meses -con el respaldo de lo que él llama “inteligencia”- y luego “otros datos” oficiales señalan que la Guardia Nacional se topó accidentalmente con el narcojunior en un retén. Además, don Cresencio no explicó nunca por qué seis meses, si la liberación en el primer “culiacanazo” ocurrió hace 3 años y 3 meses, justo el 17 de octubre de 2019, y la sociedad mexicana -y buena parte del mundo entero-, esperábamos que se recapturara cuanto antes al delincuente que amenazó con matar a familias de militares si no lo soltaban.Ovido Guzmán atrapado de nuevo por el gobierno de AMLO

En un extremo de novela de ciencia ficción, hasta podría pensarse que dada la reticencia de Mr. Biden a jugársela aterrizando en el aeropuerto Felipe Ángeles para la inminente Cumbre de Norteamérica, como se lo solicitaba encarecidamente AMLO, para respaldar su cuestionadísima obra, don Andrés fue capaz de envolverle para regalo, de un día para otro, la cabeza de Ovidio, como una suerte de ofrenda para hacerlo cambiar de opinión. Su patente alegría al final de la Mañanera de hoy, burlándose de Joaquín López Dóriga, quien daba por “confirmado” el desdén de Biden al AIFA, revela la importancia que AMLO le da al hecho de que un personaje como él le dé lustre internacional a su bebé.

No tardaron las plumas obradoristas (tan proclives al halago como las prianperriedistas, pero con menos estilo) en saludar la hazaña del Ejército Mexicano, henchidos de fervor patrio, cuando todos sabemos que la única forma de acabar con la masacre del narcotráfico es legalizando marihuana, cocaína y otras drogas lúdicas menores, para controlar el mercado, destinando los cuantiosos recursos así obtenidos a campañas preventivas verdaderas -no como las farsas de telenovela de Jesús Ramírez– y brindando atención médica y psicológica masiva a los adictos.

Todos sabemos, pero muchos no se atreven a cuestionar al señor Presidente, que la militarización frenética que él impulsa no es la solución a nuestros gravísimos problemas de inseguridad, sino que por el contrario, los agravan exponencialmente, porque la milicia está genéticamente preparada para la guerra y es más fácil capacitar a cualquier joven en labores policiales, que tratar de convertir a un soldado en una madre Teresa de Calcuta, fervorosa protectora de los Derechos Humanos.

Lo que no sabemos es por qué alguien que parece bastante cuerdo, pasó de prometer en campaña que devolvería a los militares a sus cuarteles -e incluso llegó a ofrecer desaparecer a las fuerzas armadas como en Costa Rica-, pero ya en el poder se ha vuelto más militarista que el general de la película de KubrickEl Dr. Insólito o como aprendí a dejar de preocuparme y a amar la bomba“.

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