sábado, mayo 18

Ale del Moral, candidata de excelencia. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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Eso no significa que vaya a ganar o que sería, necesariamente, una gobernadora de excelencia

Vi la entrevista de Ale del Moral en Café Milenio y me dejó una muy grata impresión. Resistió el embate de Azucena Uresti -y el resto de la pandilla milenial-, con un aplomo que muestra, más allá de las bravatas fanfarronas recomendadas por sus asesores en mercadotecnia, una indudable valentía y aplomo, pocas veces vistos en mujeres de su edad.

¿Cómo puedes sentirte a gusto con un priismo que en tu entidad ocupa el número uno en feminicidios?, pregunta -palabras más o menos-, Azucena.

Somos la entidad de las grandes cifras y, en números absolutos claro que ocupamos el primer lugar en muchos indicadores, pero en feminicidios por cada cien mil habitantes (es decir, en números relativos) ocupamos el lugar número 19. Azucena se vio, como muy rara vez, rebasada, trastabilló y dijo que, por respeto, no miraría su celular en ese momento, pero que checaría las cifras. Nunca le enmendó la plana a la candidata.Feminicidos opacan tarjeta rosa de Del Mazo

¡Te abandonó el gobernador Del Mazo!…

¡Qué bueno! ¿No han insistido, por décadas, que los gobernadores se aparten de los procesos electorales? Ningún chile les embona, parecía decir la candidata con gran seguridad, a pesar de su juventud, explotada hábilmente para asegurar que no está sola, pero quieren que pague platos que ella no rompió.

¿Qué opinas de Delfina, tu contrincante?…

Me abstengo porque tomo muy en serio la sororidad, se limitó a decir con expresiones corporales que abonaban a ese menosprecio tremendo por la candidata de Morena y sus ostensibles limitaciones para expresarse, conforme a una grandilocuencia típicamente demagógica del priismo parlanchín que, durante casi una centuria en el Estado de México, ha renegado, con sus actos, las expectativas generadas con sus dichos.Delfina Gómez y Alejandra del Moral

Ale se comió vivos a todos y cada uno de los milenials en la entrevista, incapaces de cuestionarla a fondo, por ejemplo, cuando presume de que, en su larga carrera en el servicio público y habiendo manejado en más de una ocasión presupuestos importantes, jamás ha sido señalada o amonestada por deshonestidad. ¿Y el cártel inmobiliario de Cuautitlán Izcalli que denuncia, en sendos reportajes, el portal SinEmbargo?, preguntaríamos nosotros, que gozamos de una independencia total, a diferencia de los chicos de Milenio.

¿Y la entrevista de Jorge Pérez Zamudio (el ex vocero de Alfredo del Mazo) en el mismo portal SinEmbargo, en la que plantea que la famosa Tarjeta Rosa que manejabas como secretaria de Desarrollo Social, no era sino una argucia para convertir a las mujeres más pobres de la entidad en matraqueras digitales del gobernador?Del Mazo y Alejandra del Moral tarjeta rosa

Ale es una espléndida candidata, tan buena que ha sido capaz de superar el abandono del mandatario y convertir ese gravísimo revés en un argumento de peso para exponer a Delfina como dependiente de los hombres que la rodean, sin tocar con el pétalo de una insinuación al Presidente López Obrador, como insistía Azucena. ¿Por qué?

Por alguna razón, la valiente Ale no se atreve a criticar al mandatario federal. Dice al respecto que gobernará con él un año y que, por el bien de los mexiquenses, no le conviene a la gobernadora estar mal con don Andrés, pero parece haber algo más de fondo.

Nosotros le habríamos preguntado qué quiso decir cuando exhortó a sus huestes de seguidores a “hacer lo que saben hacer, porque ella no quiere un certificado de buena conducta, sino una constancia de mayoría”.

También le habríamos pedido decir, con absoluta sinceridad, que opinaría, en el caso de perder la elección, si viera a Andrés Manuel López Obrador nombrando a Alfredo del Mazo Maza embajador de México en El Vaticano, o en alguna otra apetecible plaza.Del Mazo y Adán Augusto López

No dudo que las respuestas de Ale a esos cuestionamientos -elementales por cierto- podrían habernos sorprendido. Es muy inteligente y tiene unas tablas tremendas, aunque ello no garantiza su cacareada capacidad para gobernar, porque está rodeada por la crema y nata de la corrupción más experta del país.

Habla muy bien de ella, sin embargo, que a pesar de todo, se mantiene en un discurso plausible de avanzada y sobrevive con frescura el forcejeo brutal entre los delmacistas que la quieren muerta y los discípulos sin escrúpulos de Alito que la quieren en el puesto. No cabe duda de que es una gran candidata porque asume, con estilo, sus gravísimas contradicciones.

Habría qué preguntarle, finalmente, por qué quiere negarle a las mujeres mexiquenses el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos.

Ya veremos si su solvencia mediática y envalentonada narrativa, pero sin asideros en la realidad, le alcanzan.

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