¿Quién puso a Durazo, el García Luna de AMLO, en la primera plana de La Jornada digital?

Hay noticias que llaman la atención por lo que dicen. Y otras, más por quién las publica
Por Jesús López Segura
Durante años, el periódico La Jornada se convirtió en una especie de gaceta oficiosa de la Cuarta Transformación. Cualquier crítica proveniente de Washington contra un funcionario morenista era presentada como una conspiración imperial; cualquier señalamiento contra gobernadores de Morena era denunciado como una campaña de la derecha; y cualquier alusión a posibles vínculos entre poder político y crimen organizado era inmediatamente respondida con el catecismo obradorista: “Calderón y García Luna“.
Por eso resulta cuando menos curioso que haya sido precisamente La Jornada la que decidió abrir su edición digital con una nota, publicada originalmente por Los Angeles Times, que dinamita uno de los pilares discursivos más importantes del obradorismo.

Según la información publicada por el propio diario en 8 columnas de su portada digital está mañana, no en la impresa, el gobierno de Estados Unidos mantiene investigaciones criminales contra los gobernadores morenistas Alfonso Durazo y Américo Villarreal. El caso de Durazo es particularmente delicado porque no se trata de un personaje cualquiera: fue nada menos que secretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, exactamente el cargo que convirtió a Genaro García Luna en el símbolo máximo de la corrupción y la infiltración criminal durante el sexenio de Felipe Calderón.
Durante años, Morena construyó una narrativa sencilla pero eficaz: Calderón era responsable porque su secretario de Seguridad terminó acusado y condenado en Estados Unidos. La conclusión política era automática. Si García Luna estaba contaminado, también lo estaba todo el gobierno calderonista.

Sin embargo, la publicación de La Jornada introduce un incómodo espejo. Si las investigaciones estadounidenses sobre Durazo avanzaran, el argumento que Morena utilizó obsesivamente contra Calderón podría regresar como un boomerang contra López Obrador.
Y mientras La Jornada colocaba esta bomba narrativa sobre la mesa, en otra de sus notas destacaba las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, quien advirtió que los cárteles mexicanos ya utilizan drones y que eventualmente podrían emplearlos contra intereses estadounidenses, lo que destruye la narrativa claudista de injerencismo, porque justifica el interés legítimo de los estadunidenses de contener a los “narcoterroristas” mexicanos.

Ambas informaciones parecen independientes, pero juntas dibujan un panorama inquietante que podría estar reflejando un distanciamiento del oficialismo claudista y del morenismo en general, respecto del narcobradorismo. Por un lado, Washington insiste en presentar a los cárteles mexicanos como una amenaza directa para la seguridad nacional estadounidense. Por otro, aparecen investigaciones sobre gobernadores obradoristas, incluido un exsecretario de Seguridad de AMLO.

Es exactamente el tipo de combinación discursiva que la Casa Blanca necesitaría para justificar mayores presiones, sanciones, extradiciones o incluso nuevas formas de intervención política bajo el argumento de combatir al crimen organizado.
La pregunta inevitable es si en la redacción del diario simplemente se impuso el criterio periodístico o si algunos sectores del régimen comienzan a preparar una saludable distancia respecto de personajes que hasta ayer eran intocables.

Porque una cosa es utilizar a García Luna como arma política durante años y otra muy distinta descubrir que los reflectores estadounidenses empiezan a iluminar a quien ocupó exactamente la misma oficina, pero bajo el obradorismo original.
Y cuando eso ocurre, la narrativa deja de ser una acusación histórica contra Calderón para convertirse en una incómoda pregunta sobre el legado del Señor de Palenque.





