Lo que causa la indignación presidencial. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

¿Qué es peor: que la CIA persiga criminales en México o que éstos aterroricen a la población?
Doña Claudia Sheinbaum, con todo respeto, parece tener completamente cuatrapeados sus motivos de indignación. No le indigna —al menos no lo manifiesta públicamente— que Los Ardillos desplacen a decenas, quizá cientos de familias de Chilapa, Guerrero; familias a las que extorsionan, aterrorizan, violan y asesinan. Muy comedidamente, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, se comunica con el líder de esa organización criminal para solicitarle, casi rogarle, que le baje a la violencia porque ya viene el Mundial y se ve muy mal que anden correteando, como perros rabiosos, a pobladores pacíficos.
Al mismo tiempo que ese llamado a preservar la pax narca heredada por el Señor de Palenque —expresado en un comunicado que Héctor de Mauleón calificó de inverosímil: “A Los Ardillos, en lugar de orden de aprehensión, les ponen mesa de diálogo”—, el secretario Omar García Harfuch justifica no haber intervenido con las fuerzas del orden para frenar la labor criminal de ese grupo “para evitar un enfrentamiento y proteger a la población”.

Exactamente igual que López Obrador justificó la liberación de Ovidio Guzmán durante el Culiacanazo: “para proteger a la población” de una reacción violenta del Cártel de Sinaloa. La misma estrategia de los abrazos. La misma estupidez.
Pero eso no indigna a doña Claudia. Lo que sí la enchila es que Maru Campos haya permitido, en su estado libre y soberano de Chihuahua, que agentes de la CIA participaran junto con autoridades locales en la persecución de delincuentes que culminó con la destrucción de un laboratorio de anfetaminas. “Se violó la soberanía”, exclama, hecha un basilisco, la mandataria federal. Y luego les extraña que la gente voltee la mirada hacia la derecha.
Cuando los gringos se llevaron en un avión al Mayo Zambada —con engaños y una pequeña ayuda de Los Chapitos— hacia los Estados Unidos, el entonces presidente López Obrador estaba que se lo llevaba el tren… Maya. Pasó meses exigiendo explicaciones al gobierno norteamericano sobre cómo se había atrevido a violar de esa manera nuestra sagrada soberanía. En lugar de felicitarlos por la captura de ese líder criminal.
Y cuando los estadounidenses detuvieron en Los Ángeles al general Salvador Cienfuegos para juzgarlo por narcotráfico en la Corte de Manhattan, AMLO primero se congratuló, casi celebrando que Cienfuegos corriera la misma suerte que Genaro García Luna. Pero luego quién sabe qué le dijo Marcelo Ebrard, que en la siguiente mañanera reculó, montó en cólera y amenazó con expulsar a la DEA, a la CIA, al FBI y a cuanta agencia estadounidense operara en México si no devolvían ipso facto al general peñista.
Doña Claudia ha compartido, con pasión más o menos disimulada, todos esos berrinches del exmandatario que, para cualquier observador objetivo, significan una defensa bastante cínica de criminales catalogados por Washington como terroristas internacionales, sobre todo por inundar a Estados Unidos con fentanilo, sustancia definida allá —por sus efectos devastadores sobre cientos de miles de personas— prácticamente como un arma de destrucción masiva.
Asesinan en Chihuahua a Lucía Guadalupe Mora, delegada política de Morena, y no faltó el chayotero de la 4té empeñado en relacionar a Maru Campos con ese crimen, tratando de embaucar a la Presidenta en plena mañanera con preguntas tendenciosas. Claudia Sheinbaum, hay que decirlo, esquivó el anzuelo con habilidad de torera profesional. No así la recién estrenada dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, quien facilonamente responsabilizó a la gobernadora “porque no se toma la molestia de acudir a las reuniones de seguridad”.
Por su parte, Carmen Lira, responsable de la decadencia editorial (mas no económica) de La Jornada, escribió hoy en Rayuela:
“El informe de la fiscalía de Chihuahua deja ver que los agentes extranjeros se movían en el estado como Pedro por su casa. Y la gobernadora, sin darse cuenta, caray…”
Cuando bien pudo haber escrito:
“Los Ardillos aterrorizan a pobladores pacíficos en Chilapa; Evelyn Salgado ni se entera y la federación suplica a su líder, Celso Ortega Jiménez, que le baje dos rayitas a su barbarie y restablezca la pax narca, caray…”
Y todo esto ocurre mientras se consolida un escenario de descarada protección oficial, no para los ciudadanos aterrorizados por el crimen, sino para los criminales que los extorsionan, desplazan y asesinan. Escenario que da lugar a situaciones inéditas e inverosímiles como la de que, en nado sincronizado, CIA, Fiscalía Mexiquense y Presidencia de la República, entre otras instancias, nieguen a coro que la CIA haya perpetrado el bombazo en las inmediaciones del AIFA que mató al ahora famosísimo “Payín“.
Entretanto, la CIA, el Pentágono y el propio Donald Trump estrechan el cerco para echarle el guante a quien ya sabe perfectamente todo México quién es el primer —aunque no único— responsable de esta desgracia nacional.





