Viejo aliado de AMLO afirma que, en Sinaloa, el obradorismo se pudrió. LA VERSIÓN NO OFICIAL

El ex alcalde de Mazatlán define a sus correligionarios honestos como “morenistas de corazón”
Por Jesús López Segura
En entrevista con Proceso, el exalcalde de Mazatlán y fundador de Morena en Sinaloa, Luis Guillermo Benítez Torres, lanzó una severa crítica contra el grupo político de Rubén Rocha Moya al afirmar que “la 4T se pudrió en Sinaloa” y advertir que las investigaciones y extradiciones de exfuncionarios podrían incluso alcanzar al expresidente Andrés Manuel López Obrador.
El llamado “Químico” afirmó que la licencia solicitada por Rocha Moya no ha cambiado absolutamente nada en Sinaloa, pues el mismo grupo conserva el control de las secretarías, la fiscalía y las corporaciones de seguridad. También denunció que muchos legisladores y funcionarios actúan “como borregos” subordinados al poder estatal y consideró necesaria una “limpia” total en el gobierno sinaloense.
Aunque reivindicó a miles de “morenistas de corazón” que, dijo, no comparten las prácticas del actual grupo gobernante, lamentó que el movimiento que ayudó a construir junto a López Obrador haya terminado contaminado por las acusaciones de narcopolítica y corrupción. Según Benítez, el caso Sinaloa representa una amenaza no sólo para el legado obradorista, sino también para el futuro político de la propia Cuarta Transformación.
Como se ve, la herejía más peligrosa para el obradorismo no viene de la oposición, sino de sus propios apóstoles desencantados. Y eso es exactamente lo que representa Luis Guillermo Benítez: un morenista fundador, de esos que acompañaban a AMLO “desde el amanecer hasta el crepúsculo”, cuando Morena todavía no era franquicia electoral ni agencia de colocaciones familiares, sino un movimiento que prometía barrer con la podredumbre del viejo régimen. Hoy, sin embargo, Benítez habla del obradorismo sinaloense como quien describe un cadáver en descomposición: “La 4T se pudrió en Sinaloa”.
La frase retumba porque no la pronuncia un prianista resentido ni un comentarista de Latinus, sino uno de los hombres que ayudaron a sembrar el partido guinda en el noroeste del país. Un “morenista de corazón”, como él mismo se define, categoría política idéntica a ese otro fenómeno que se vive en el Estado de México con militantes que arroparon originalmente el movimiento, por convicciones de toda la vida y no por pragmatismo electorero, y que observan con preocupación cómo los nuevos administradores del poder convirtieron la “transformación” en un reparto de cuotas, complicidades y silencios vergonzosos.
La licencia de Rocha, dice Benítez, no cambió nada porque el aparato sigue intacto. Traducción: el obradorismo aprendió demasiado bien las mañas del viejo sistema. Cambiaron los colores, pero no las prácticas.
Así, en las entrañas del morenismo empieza a crecer una refrescante rebelión de desencantados. No son los “Puros” de Daniel Serrano, quien rápidamente se arrojó a los brazos de la prensa cortesana y del pragmatismo vulgar.
Son militantes que todavía se dicen fieles a la “verdadera 4T”, pero que hablan del actual régimen con el mismo lenguaje con que antes denunciaban al PRI. Ahí radica la auténtica esperanza que parece promover la Presidenta Sheinbaum: O Morena se desintoxica de arribistas corruptos del viejo régimen y de obradoristas proclives a cohabitar con criminales, o el electorado les dará, más temprano que tarde, la espalda con candidatos ultraderechistas que prometen falsedades “purificadoras”. Ya veremos.
Por lo pronto, no deja de ser un dato refrescante la renuncia de “Andy” a la Secretaría de Organización de Morena para irse a la aventura de una diputación por Tabasco, no precisamente plurinominal. ¡A ver si no pierde el angelito!





