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Corrupción

Ciro Gómez, el santo patrono de las causas judiciales perdidas: Por Jesús López Segura / La Versión no Oficial

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Reforma se niega a reconocer que su reportero inventó la nota del escándalo

https://youtu.be/Wkk7BsyAY0Q

 

A lo largo de los últimos años hemos observado al comunicador Ciro Gómez Leyva defender a capa y espada al impresentable Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, incluso atacando abiertamente el trabajo periodístico de Carmen Aristegui y su equipo. Lo hemos visto defender como perro a Elba Esther Gordillo. Presenciamos su humillante espectáculo de tener que pedir perdón por su abominable manejo de las encuestas de Gea-Isa en la elección presidencial que casi todo el mundo percibe como un monumental fraude, excepto él mismo y sus patrocinadores. Lo hemos soportado defendiendo la traición de los calderonistas apestados, aliados descaradamente con el PRI, mientras su líder nacional sufre una campaña de linchamiento mediático, acusado injustamente por el Estado mexicano y sus aliados de prensa de haber enriquecido, desde sus puestos partidistas, a su familia política.

El litigio interesado de este periodista, en espacios de comunicación concesionados por el Estado mexicano -donde estaría obligado a guardar una compostura mínima respecto del profesionalismo informativo que exige la concesión-, ha sido muy prolífico. Apenas en estos días se daba vuelo reproduciendo una y otra vez el video donde una activista de derechos humanos, Yndira Sandoval, mostraba desplantes comprometedores por su estado de ebriedad, combinado con una detención arbitraria, lo que la llevaba a desafiar a la autoridad que abusaba de ella. La mujer no estaba en su sano juicio y dice haber sido agredida, torturada e hasta violada, pero a Ciro e incluso a su excelente reportero Humberto Padgett, les parecía más relevante que la víctima le dijera groserías a sus captores, a sus secuestradores y violadores disfrazados de “autoridad”.

Hoy, Ciro culpa a Padgett por las críticas vertidas a su inquisitorial interrogatorio de ayer. Padgett se defiende en términos de que “los activistas de derechos humanos actúan, a menudo, con prepotencia”, como si los periodistas estuvieran exentos de tales excesos. Ciro, prepotente, insiste en quemar en leña verde al fiscal electoral Santiago Nieto, a quien estuvo acusando de mentiroso con la única prueba de un encabezado malicioso de Reforma y una carta del nada confiable sospechoso de haber cometido gravísimos delitos electorales Emilio Lozoya, tan graves, que en muchos otros países han costado la cabeza de funcionarios y ex funcionarios del más alto nivel.

Anoche, Ciro volvió a la cargada y aseguró que Nieto nunca aclaró que el reportero de Reforma había deformado la verdad de sus declaraciones en el encabezado de la nota que desató el escándalo. Todos los demás noticiarios importantes estaban reproduciendo los audios proporcionados por el fiscal quien, a pesar de la feroz asonada mediática en su contra, se mostró en todo momento escrupulosamente respetuoso de la libertad de expresión del reportero causante de este desastre.

Hoy por la mañana, Ciro Gómez escuchaba los incuestionables argumentos del abogado Everardo Moreno para demostrar que Alberto Elías Beltrán no cumple los requisitos para ser procurador sustituto. Le explican a Gómez Leyva que el funcionario que destituyó a Santiago Nieto es un delincuente, porque usurpa un puesto para el que no está calificado legalmente. Que quien lo nombró, es decir el presidente Peña, ha cometido una pifia imperdonable.

¿Y qué hace el en otros momentos defensor a ultranza del “debido proceso”?

Ríe. No le da importancia. Pasa a otro tema.

¿Por qué sigues monitoreando a este aberrante comunicador? nos preguntan amigos y seguidores de nuestro canal de Youtube. La respuesta es que mientras los políticos del más alto nivel en el país le sigan dando entrevistas y atendiendo a Gómez Leyva como si fuera el gran periodista que pretende ser, nuestro trabajo de analizar la prensa digital y televisiva nos obliga a darle seguimiento puntual. Usar las redes sociales para exhibir a periodistas que deforman una realidad social de por sí extremadamente compleja e injusta, es una posibilidad que no debemos desdeñar quienes anhelamos que nuestro país mejore.

Si el diario Reforma tuviera la decencia de aclarar, a 8 columnas, con las grabaciones en la mano, que su reportero se excedió, que forzó un pronunciamiento inexistente en su afán de dar la nota -lo que, por lo demás, suele ocurrirle a muchos reporteros ambiciosos, sin que ello provoque un despido fulminante como el que sospechosamente desató este caso-, le haría un gran servicio a la verdad y a la nación.

Pero expresar que en el 2010 Santiago Nieto dijo, en un foro en la UNAM, algo parecido a lo que ahora le atribuye el reportero, es negarse a corregir un grave error. Y es que esos negocios particulares a los que llaman periódicos también hacen su parte en la deformación de nuestra realidad. ¿No cree usted?

 

https://youtu.be/hpAHKAQje6E

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