sábado, enero 28

Regresó AMLO feliz de su gira centroamericana, con varias condecoraciones al pecho

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Habla de una nueva revolución al interior de la Revolución Cubana ¿Qué significa?

LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

Cada vez resulta más obligado y sencillo ubicarse a la izquierda de López Obrador.

Mire usted que ir ya no digamos que a proponer, sino hasta a financiar programas como el de “Jóvenes construyendo el futuro” a países centroamericanos, cuando aquí ha quedado evidenciado como un auténtico foco de corrupción y de ineficiencia –no solo para lograr la integración de jóvenes en el mercado productivo, sino para el presunto propósito fundamental de arrancarle de las manos a los narcos el reclutamiento de esos jóvenes dizque para “combatir las causas de la delincuencia“–, constituye una mascarada, un engaño para esas sociedades que deberían buscar la solución a sus graves problemas de emigración en otros indicadores, por lo demás muy claros.

Un migrante busca encontrar en países centrales (europeos o en este caso Estados Unidos) la oportunidad de mejorar substancialmente sus condiciones de vida. De enviar a sus familias cantidades fuertes de dinero (en dólares o euros) que les permitan salir de la miseria en la que las oligarquías criollas los tienen sumidos desde hace siglos. No se van a arraigar porque se les pague una muy modesta cantidad de dinero para que se pongan a sembrar arbolitos en sus países de origen o porque se les dé una bequita para dizque aprender en empresas productivas.

Un joven que por su nula educación y su gran resentimiento social sea capaz de afiliarse en las huestes de sicarios del narco, lo que quiere es hacerse rico y andar ostentando esa riqueza en autos de lujo y con cadenas de oro al cuello para conquistar morritas muy bellas pero lo suficientemente estúpidas como para embaucarse con semejantes asesinos.

López Obrador ha renunciado a su obligación de someter a la oligarquía mexicana y de combatir a esos criminales. Y la mejor muestra de ello es que mantiene contra viento y marea, contra una creciente indignación social, a un fiscal como Gertz Manero en el puesto.

Si en México no ha estallado una revolución es por el sacrificio de millones de compatriotas que emigraron con éxito a los Estados Unidos y lograron establecerse allá en lo que constituye una reconquista de nuestros territorios robados por los gringos, lo que les permite enviar más de 50 mil millones de dólares anuales a sus familias, lo que López Obrador agradece verbalmente pero no retribuyó con una política de dignidad frente a las agresiones verbales majaderas de Donald Trump, por ejemplo, o impidiendo que vampiros como Ricardo Salinas Pliego muerdan con su desfachatado cinismo esas fastuosas remesas.

Cada país centro y sudamericano debería poner coto a las oligarquías que han permitido que los gringos se apropien de sus riquezas a través del intercambio desigual: chatarra industrial a cambio de preciosas materias primas. El único que se atrevió a hacerlo hasta el extremo de vencer o morir fue Cuba, con Fidel y el Che Guevara a la cabeza, y por eso los gringos han hecho todo cuanto han podido para exterminar esa gran revolución. Salvador Allende también lo intentó y lo asesinó la CIA imponiendo la dictadura de Pinochet. Otros intentos menores han fracasado por presiones más o menos descaradas del imperio.

Los cubanos han dado un ejemplo al mundo de dignidad y heroísmo, pero el movimiento latinoamericano que mejor desafía al imperio norteamericano está representado por la revolución hormiga de la migración ilegal que está muy próxima a desplazar del poder a los blancos que verán en la política KKK de Trump una reacción desesperada y peligrosa. De ahí que traten ahora de contener una inmigración irrefrenable, pero mediante la única forma que conocen y han practicado siempre: el garrote.

El discurso de un auténtico líder latino debe ser mucho más enérgico y claro para que de una vez por todas entiendan los gringos que mientras no contribuyan decididamente a crear las condiciones de bienestar suficientes en otros países, sus habitantes seguirán arriesgando la vida para invadirlos.

Y López Obrador, con su retórica tímidamente resentida y sus programas sociales bien intencionados pero inútiles, dicho esto con todo respeto, no parece ser ese gran líder que habrá de enfrentar el retorno rabioso de Donald Trump y sus misiles. Al tiempo.

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