sábado, abril 13

Sugiere Horacio Duarte que el IFE fue pervertido por Calderón y los priistas

Defiende con Los Periodistas de SinEmbargo su propuesta de Reforma Electoral, presentada por AMLO
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Defiende con Los Periodistas de SinEmbargo su propuesta de Reforma Electoral, presentada por AMLO

 

LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

 

Uno de los retos más difíciles de resolver para la forma de dominación política burocrática, dominante en el mundo (como lo anticipó el genial Max Weber), ha sido el de la designación de jueces y árbitros “objetivos”, “imparciales” y todos los adjetivos imaginables que satisfagan la necesidad de que cuenten con absoluta cre-di-bi-li-dad en sus decisiones. Que diriman las controversias entre particulares y grupos, incluidos los partidos políticos que luchan por el poder, dejando satisfecha a la mayoría de la gente, no a todos porque eso es imposible, y más cuando se trata de pugnas de poder.

En comunidades tradicionales relativamente pequeñas ese reto se resuelve sin ninguna dificultad, simplemente porque la gente conoce perfectamente el desempeño de los prospectos que nadie se atrevería a objetar, porque es del conocimiento público, en esa comunidad, la probidad demostrada por algunos personajes en su conducta de años de convivencia que les acredita respeto y, a veces, hasta admiración general. Por otra parte, la mayoría sabe quiénes son los gandallas que siempre tratan de sacar provecho personal y de grupo en el ejercicio del poder y quiénes están realmente comprometidos con el bienestar de la población en general. No hay dudas. La gente puede votar y solo los abusivos votarán en contra de los líderes naturales. Así de simple.

La cosa se complica cuando se pretende que la gente vote por personas a las que llega medio a conocer por lo que pregonan en su propaganda de campaña, casi siempre manejada por mercachifles de la publicidad, especializados en maquillar a las y los candidatos, haciéndolos aparecer como lo que no son, y a menudo como lo contrario de lo que son en realidad. Hablo de comunidades estatales y nacionales, e incluso municipales grandes.

Lamento mucho que Andrés Manuel haya preferido militarizar el país en lugar de habernos dado la oportunidad en el pueblito donde vivo -que se reproduce por miles en el territorio nacional- de escoger a los miembros de la Guardia Nacional, civiles desde luego, que todos conocemos y sabemos darían la vida por defendernos de los criminales, radicando aquí, en su comunidad, con su familia, en vez de andar vagando por todo el territorio del país, de la ceca a la meca, lejos de sus familias, adoctrinados en una disciplina bélica rigurosa, pero embarrada con consignas sobre “derechos humanos” para taparle el ojo al macho, y acampando en cuarteles precarísimos, ni siquiera en hoteles como la Policía Federal de Calderón. Pero ése es otro tema que tiene que ver con la distorsión suicida de confiar más en los soldados que en el pueblo.

Sugiere Horacio Duarte -y con mucha razón- que el IFE fue pervertido por Calderón y los priistas quienes, muy lejos de pretender la “objetividad e imparcialidad” del árbitro, –cualidades imprescindibles, gabadas solemnemente con letras de oro en las metas “sustantivas” del organismo “ciudadanizado”–, terminaron convirtiendo al millonario instituto en la caricatura que conocemos, donde se han hecho de la vista gorda frente a los nuevos mecanismos de la prevaricación electoral que sustituyeron, en buena hora, los ratones locos y las urnas embarazadas.Lorenzo Córdova con mueca burlona

Lo que no dice el muy respetable e inteligente Horacio Duarte es que también ahora esas autoridades se desentienden de la escandalosa farsa demoscópica de Mario Delgado para encubrir morenísimos dedazos en todo el país, encubiertos con encuestas patitos que no convencen a nadie.

También finge desconocer -y está en todo su derecho porque sus adversarios tampoco juegan limpio- que el propio don Andrés viola a diario la imparcialidad que debería tener como Presidente, al detractar a los adversarios políticos de su movimiento con insultos y acusaciones gravísimas, la mayoría de ellas enteramente ciertas, pero que lejos de llevarlo como mandatario a fundamentar acusaciones formales, solo son utilizadas con fines de propaganda política para impulsar lo que él llama “la revolución de las conciencias”, con propósitos escandalosamente electoreros.

Mediante ese mecanismo, por citar un solo ejemplo deplorable, el Presidente estuvo utilizando recursos públicos para impulsar la candidatura del presunto violador Félix Salgado Macedonio, para desgracia de sus presunciones de impoluta neutralidad electoral y de respeto a las mujeres del país en general y las guerrerenses en particular.

¿Cómo resolver el asunto de la imparcialidad de los árbitros electorales?

La intención de resolverlo mediante “el voto popular” pone los pelos de punta, habida cuenta de lo que don Mario Delgado nos ha mostrado en el ejercicio de su “magia demoscópica” y el propio Presidente con sus hábitos de considerar que “el pueblo” está científicamente bien representado por los acarreados que levantan la mano en sus mítines.

Así pues, una sugerencia: Que los candidatos a consejeros electorales sean personajes ampliamente conocidos por la opinión pública, pero no por su adicción a la farándula y el entretenimiento, sino por sus opiniones sobre la democracia. Periodistas conocidos nacionalmente y de preferencia respetados por su objetividad a toda prueba, como Julio Hernández López, por ejemplo. Pero podrían participar otros periodistas que muestren un sesgo ideológico por la izquierda o por la derecha, siempre que la gente los conozca, de modo que no haya necesidad de que realicen campañas.

Lo que no se valdría es que cuelen conservadores disfrazados de izquierdistas o viceversa y que sus publicistas terminen engañando a la población, como ocurre ahora en un mundo dominado por el “marketing político”, creador de “objetos” políticos de consumo masivo.

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