viernes, abril 19

¿Crisis en Política Exterior? LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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Ofende AMLO a Ucrania y al mundo civilizado, al tiempo que lo avergüenzan en Colombia

Alicia Bárcena es una diplomática mexicana de primerísimo nivel. Escucharla hablar sobre la Doctrina Estrada, por ejemplo, ese faro que ha iluminado los mejores momentos de la en otros tiempos radiante política exterior de nuestro país, es un deleite. Pero, desgraciadamente, su arribo a la SRE coincide con un decaimiento estrepitoso en nuestras relaciones con el exterior. Cualquiera podría pensar que ello se debe a la renuncia del excanciller Marcelo Ebrard, quien funcionó bien como apagafuegos de las ocurrencias de don Andrés, antes de lanzarse a una aventura comicial que parece no le saldrá muy bien. Creo que le llevará tiempo a la señora Bárcena entender que su papel será el de amortiguador de los excesos en la retórica y las acciones del jefe.

Dos hechos de los últimos días marcan ese derrumbe en la imagen internacional de México: el ridículo que le hizo pasar el Presidente Petro al mandatario mexicano en la cumbre sobre el prohibicionismo en Cali, Colombia, y no tanto la incorporación de la delegación rusa en el desfile militar mexicano, como la respuesta dada por AMLO en su mañanera de hoy a las críticas finsemaneras por ese hecho.Federación rusa presente en desfile de la Independencia de México generó protestas

Cuando hay una condena mundial por la invasión de Rusia a Ucrania, resulta un atentado contra las más elementales normas del derecho internacional, exhibir a un comando ruso en el desfile militar mexicano. Dijo don Andrés que se invita tradicionalmente a todos los países (y le informa Martí Batres que hasta Calderón recibió el mismo contingente militar ruso en su tiempo), pero resulta que ahora Vladimir Putin es repudiado por casi la totalidad del mundo por sus cobardes acciones bélicas incluso contra la población civil de Ucrania.

Admitir una representación castrense de Nicaragua en nuestro desfile es, de igual manera, un atentado contra la civilidad que debería promoverse desde un gobierno que presume de “humanista”.

Pero vamos al otro asunto vergonzoso que se menciona arriba. Casi no trascendió en las noticias en México (o quizá estuve muy desconectado por las fiestas patrias) pero me sorprendió tremendamente un video difundido por Pablo Hiriart (un columnista habitualmente caracterizado como de extrema derecha y odiador sistemático de López Obrador) en el que expone el ridículo al que fue expuesto nuestro presidente por su anfitrión, el mandatario colombiano, Gustavo Petro, en la reciente gira internacional de AMLO.Gustavo Petro en su discurso contra las drogas

Resulta que (si el video de referencia no está trucado de alguna forma) Petro le espetó en pleno rostro a López Obrador una ruda condena -con golpecitos en la mesa incluidos-, por su “hipócrita política de abrazos y no balazos” en materia de lucha contra el narco.

Lo que pretendía ser una cumbre latinoamericana contra el prohibicionismo en materia de drogas -postura progresista que sostiene el mandatario colombiano-, terminó en la batea de babas de que son la familia y el amor los que terminarán con el flagelo del narcotráfico.

Como lo anticipamos aquí, en Notiguía TV, la postura ultraconservadora de AMLO en el tema de las drogas, iba a colisionar frontalmente con la disposición de Colombia a abandonar el prohibicionismo, paradigma impuesto por Richard Nixon a principios de los setenta, como pretexto para reprimir a los jóvenes que protestaban contra la guerra de Vietnam.Represión a jóvenes en los 60 por consumo de drogas

Como buen conservador con inclinaciones totalitarias, pero arropado en un discurso aparentemente “izquierdista”, el mandatario mexicano promociona los aparatos de Estado: el aparato represivo por excelencia, es decir el Ejército, y en términos de Louis Althusser, los aparatos ideológicos clásicos del modo de producción capitalista, es decir, la familia (patriarcal, autoritaria y represora de la sexualidad de mujeres y adolescentes -en los términos de Wilhelm Reich-), y la escuela (autoritaria, memorística y enciclopédica que inhibe la capacidad crítica y creativa de los alumnos -en los términos de cualquier investigador educativo de medio pelo-) lo que se opone por completo a la única solución posible al problema del narcotráfico y sus consecuencias genocidas para la humanidad, es decir, la legalización de las drogas blandas, como la marihuana.

AMLO se apoya en el Ejército

Lo anterior significa que un gobernante que exalta las cualidades del aparato represivo del Estado (el Ejército) y los aparatos ideológicos tradicionales (la familia y la escuela), al mismo tiempo que se extralimita en sus críticas contra el aparato ideológico dominante en el sistema postcapitalista (los medios masivos de comunicación) es, por definición, absolutamente incapaz de tejer una vía civilizada para eliminar el prohibicionismo en materia de drogas, porque es precisamente ese paradigma histórico el que permite al Ejército y a las ideologías mantener un grado suficiente de represión sobre las masas (mediante la violencia criminal tolerada por el Estado) para que florezca la hegemonía de una sola forma de pensamiento totalitario, donde cualquiera que no piense como el gobernante es enemigo de la democracia, de la libertad, del amor y de todo lo bueno que, en exclusividad meramente retórica, enarbola su proyecto.

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