sábado, marzo 2

La fosfo fosfo… y el Foxfo Foxfo. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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Xóchitl Gálvez, en caída libre. Dos gravísimos errores… y contando


La pareja fosfo fosfo, caracterización mediática con la que Mariana y Samuel conquistan, exitosamente hasta ahora, el terreno políticamente neutro de los fifís (clases alta y media), es decir, el coto natural de caza de Xóchitl Gálvez, empieza con mucho empuje a liquidar las aspiraciones de la arrojada, valiente y fresca, pero mal asesorada corcholata oficial opositora.

Xóchitl es una mujer inteligente. Desgraciadamente para su causa, hace campaña en una arena donde lo que menos abunda es la gente inteligente y parece estar “asesorada” por tontos (con todo respeto, como dice el clásico). Las clases medias que tienen un mayor grado de escolarización que las “populares” -que adoran irreflexivamente a López Obrador– parecen estar comprando, a costos demasiado altos, las engañifas de los fosfo fosfo, con una pequeña ayuda del fofo, es decir, esponjoso, ahuecado, mullido Vicente Fox.Los fosfo fosfo Mariana y Samuel

Quizá ésa sea la irrefutable prueba de que los grados de escolarización tienen muy poco o nada que ver con los niveles de capacidad para entender el mundo. Una forma discreta de decir que el electorado mexicano -contra lo que postula el Presidente López Obrador en el sentido de que es de los más politizados del mundo- está formado por huestes de ingenuotes a los que resulta tremendamente fácil engañar.

En el marco de la artificiosa polarización nacional instaurada en México, a base de mañanerazos, por el Presidente López Obrador, Xóchitl está condenada a ser aceptada solo por quienes se decepcionaron del obradorismo, es decir, por los que están más allá de esa polarización, según la cual solo hay dos bandos en el país: el de “los buenos”, es decir, los que están ciega, sumisa, incondicionalmente con “la transformación” que AMLO seguirá encabezando (a pesar de la puesta en escena de la entrega del bastón), y “los conservadores”, “neoliberales” o “neoporfiristas”, es decir, todos formaditos los que están en contra.Xóchitl Gálvez, AMLO y Jesús Ramírez

En el maniqueismo silvestre del Presidente no pueden existir críticos saludables de su movimiento. O se está con él, o en contra. No hay más. El lema clásico de los dictadores típicos de las repúblicas bananeras en que estamos a punto de convertirnos. No le cabe en la cabeza a don Andrés (y menos en la de sus feroces cancerberos) que muchos de quienes lo criticamos lo hacemos porque deseamos que tenga éxito su movimiento, que no haya regresiones como en Argentina, y se concrete en la realidad social y económica del país la auténtica transformación que empezó apenas con la hazaña de haber mandado al cajón del olvido al partido hegemónico que instauró un régimen gatopardista durante prácticamente un siglo de simulación “democrática”.

Cualquiera puede entender algo tan elemental. Hasta Vicente Fox lo entendería ahora y lo entendió muy bien cuando en el 2000, con el decreto oficial de “la sana distancia” del asqueado Ernesto Zedillo por el asesinato de Colosio, se le abrieron de par en par las puertas de los medios hegemónicos (cuando no existían las redes sociales ni las “primaveras de los Estados”) para conquistar la Presidencia en compañía de sus mediáticamente eficaces tepocatas y víboras prietas.Vicente Fox y Elba Esther Gordillo

Cero y van dos pecados imperdonables de la candidata “del cambio”: primero, el lapsus linguae con el que puso en el sitio que se merece al deleznable Alito (al que hasta una institucional compulsiva como su tocaya Del Moral apartó de su campaña en el Edomex). Y el segundo, cuando manda a Fox a freír chorizos pretextando un muy discutible asunto de “violencia política de género” contra la fosfo fosfo.

Y es que la hidalguense arrastra consigo una mortal contradicción de origen: promover un cambio, es decir, vencer a la clase política en el poder, pero respaldada por viejos y obsoletos partidos en franco proceso de extinción. La tercera regada del atole podría ser la definitiva. Ya veremos.

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