Riegan en Naucalpan restos desmembrados de una mujer. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Héctor de Mauleón describe el contraste entre las cifras alegres oficiales y la “puerta giratoria”
La columna de Héctor de Mauleón, publicada hoy en El Universal, coloca sobre la mesa una de las contradicciones más inquietantes de la seguridad pública en el Estado de México: mientras los gobiernos pueden presumir operativos, cateos, detenciones y estrategias contra el crimen, en las calles persiste una realidad brutal, aquella que queda fuera de los boletines y que tiene forma de cuerpos desmembrados.
El caso de Naucalpan, abordado por el destacado especialista en seguridad, resulta estremecedor precisamente porque exhibe el posible fracaso de una política de seguridad reducida a detener personas sin garantizar que las investigaciones y los procesos judiciales conduzcan a consecuencias efectivas. De Mauleón documenta cómo algunos de los presuntos responsables del asesinato y desmembramiento de una mujer habían sido detenidos previamente, incluso en dos ocasiones, por delitos que iban desde el robo de motocicletas hasta el narcomenudeo.
Es decir: no se trataba necesariamente de delincuentes invisibles para las autoridades. Ya habían pasado por sus manos. Habían sido identificados, detenidos y puestos a disposición. Y, sin embargo, terminaron nuevamente en las calles, hasta que la violencia escaló hasta el homicidio y el desmembramiento de una mujer.
Ahí aparece la pregunta incómoda que la columna formula con toda pertinencia: ¿quién rinde cuentas por esas liberaciones?
El asunto adquiere todavía mayor gravedad frente a las cifras oficiales que suelen presentar un panorama alentador a partir del número de operativos y detenciones, incluso con presuntas disminuciones de asesinatos que, en realidad, opinan algunos analistas, se encubren con categorías distintas que crecen exponencialmente, como las de “desaparecidos”.
Porque una estadística puede registrar decenas de capturas como un éxito; lo que no puede ocultar es que algunas de esas personas reaparezcan posteriormente vinculadas con delitos más graves. La eficacia de una estrategia de seguridad no debería medirse solamente por cuántos delincuentes son detenidos, sino por cuántos dejan efectivamente de delinquir.
De Mauleón recupera así el concepto de la “puerta giratoria”: la detención que no termina en una sanción efectiva y que permite que ciertos delincuentes regresen al mismo entorno criminal. El riesgo es evidente: convertir la captura en un trámite burocrático y no en el punto de partida de una verdadera investigación que desarticule organizaciones, identifique responsabilidades y evite la reincidencia.
La preocupación resulta especialmente pertinente ante el anuncio de una estrategia federal para descongestionar las prisiones mediante la liberación de personas retenidas por delitos menores o que llevan años sin sentencia, como lo acaba de anunciar la Presidenta Sheinbaum en su mañanera.
El caso de Naucalpan funciona, en ese sentido, como una advertencia. Si el Estado libera sin fortalecer simultáneamente la investigación criminal, la procuración de justicia y los mecanismos de reinserción, la “puerta giratoria” puede terminar siendo exactamente eso: una vía por la que los delincuentes entran, salen y regresan con una capacidad de violencia cada vez mayor.
La tragedia de San José de los Leones, Naucalpan, obliga, por ello, a mirar más allá de las cifras alegres. Porque mientras los comunicados contabilizan detenidos, las calles contabilizan víctimas. Y ninguna estadística de eficiencia gubernamental puede neutralizar la evidencia de un cadáver desmembrado abandonado en una colonia.
El verdadero desafío para las autoridades mexiquenses no consiste solamente en anunciar más operativos ni en presumir más aprehensiones. Consiste en explicar qué ocurrió con cada detenido, por qué recuperó su libertad, qué autoridad tomó esa decisión y qué se hizo para impedir que volviera a delinquir. Es justamente en ese proceso que podrían identificarse a los políticos aliados con la delincuencia, si es que realmente existiera un propósito en ese sentido.





