Se perfila Harfuch como líder del “Escudo de las Américas”. AL GRANO. Por Jesús López Segura

La DEA lo encumbra en Argentina como “el hombre de mayor confianza para Estados Unidos”
Vaya giro narrativo el de Terry Cole, director de la DEA. Hace apenas unas semanas desató una tormenta política al afirmar que existe una conexión mortal entre las redes de los cárteles y el gobierno mexicano, al grado de sentenciar que “son uno mismo”. Ahora, sin embargo, el discurso dio un vuelco espectacular: en Argentina, el mismo funcionario estadounidense elevó a Omar García Harfuch a la categoría de “socio de confianza”, “buen amigo de Estados Unidos” y hombre que “comprende las amenazas que enfrentamos”, además de elogiar abiertamente su liderazgo.
El contraste no podría ser más elocuente.
En vísperas del que hasta ahora constituye uno de los golpes políticos más severos de la administración de Donald Trump contra el expresidente Andrés Manuel López Obrador —la cancelación de la visa de Andy López Beltrán, hijo y heredero político que el obradorismo había proyectado como pieza central de su continuidad—, Washington no sólo exhibe al vástago de AMLO; también manda un mensaje inequívoco al círculo político de Palenque.

Meme tomado de las redes
Mientras Christopher Landau, subsecretario de Estado, se permitió incluso mofarse públicamente de Andy y recomendarle que tuviera palomitas a la mano porque el espectáculo apenas comenzaba, la misma administración estadounidense insistió en llevar a García Harfuch a Argentina —ante las extrañas dudas de la Presidenta Sheinbaum— para colocarlo en el centro de una nueva arquitectura internacional contra el narcotráfico y el terrorismo criminal.
Para quienes todavía consideran una exageración hablar de un proyecto de maximato desde Palenque destinado a acotar el margen de maniobra de Claudia Sheinbaum, el episodio argentino debería resultar particularmente incómodo. Porque una cosa es la retórica política interna y otra muy distinta que Washington esté distinguiendo públicamente al hombre fuerte del gobierno mexicano en materia de seguridad.
El mensaje de Terry Cole no parece casual.
Por conducto de la DEA, la administración Trump acaba de colocar a García Harfuch como uno de sus interlocutores mexicanos de mayor confianza en la lucha contra las organizaciones criminales transnacionales. Es decir, aquel “Escudo de las Américas” que originalmente se dibujaba sin México comienza a adquirir una configuración distinta: México ya no aparece necesariamente como el problema que había que contener, sino como un actor indispensable para combatirlo.
Y ahí está el verdadero alcance político del episodio.
Si Washington deposita su confianza en Harfuch, la presidenta Sheinbaum obtiene un margen de maniobra internacional que puede resultar decisivo para romper el cerco político interno que pretende sujetarla a la lógica del obradorismo duro, proclive a abrazar a la delincuencia. La paradoja es monumental: mientras desde Palenque algunos pretenden preservar el viejo esquema de poder, desde Washington parecen estar fortaleciendo precisamente al funcionario que podría convertirse en pieza clave de una estrategia de seguridad incompatible con cualquier tolerancia hacia la narcopolítica.
A la distancia, más le habría valido a AMLO permitir que Sheinbaum impulsara a García Harfuch como jefe de Gobierno.
La fotografía de Argentina, por tanto, puede terminar siendo mucho más importante de lo que aparenta.
Porque si el gobierno de Estados Unidos identifica a García Harfuch como un “socio de confianza”, el mensaje para los políticos mexicanos vinculados —real o presuntamente— con organizaciones criminales es mucho menos diplomático: la época de los abrazos podría estar llegando a su fin y la lupa estadounidense ya no apunta únicamente hacia los cárteles, sino también hacia quienes, desde la política, pudieran protegerlos o beneficiarse de ellos.
Y si Harfuch termina encabezando, de facto, esa nueva alianza continental contra el narcopoder, el verdadero damnificado no sería solamente el crimen organizado. También lo sería el proyecto de quienes pretenden que desde Palenque se siga decidiendo el rumbo de México.
Si el Batman mexicano es ahora el hombre de mayor confianza en Washington ¿a quién cree usted que consultaron para retirarle la visa a Andy?
Hay que recordar que fuera de las ridículas hipótesis del “asesino solitario”, Luis Donaldo Colosio fue asesinado porque advirtió que no negociaría con los narcos. Curioso que ahora que se reunió su hijo, Luis Donaldo Colosio Riojas con la viuda de Carlos Manzo, Grecia Quiroz, se haya desatado la violencia narca en varios puntos de Michoacán. Con la cruda experiencia del atentado contra su vida, esperemos que García Harfuch redoble su protección.





