jueves, diciembre 1

No cree Monreal en las encuestas de Morena. LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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Con cautela, el senador sacude los fundamentos del dedazo sobre los que finca su aspiración Claudia Sheinbaum

En vista de que “no cree en las encuestas de su partido”, el senador Ricardo Monreal anunció que pedirá al INE organizar la elección interna de Morena para definir al candidato presidencial. Así de categórico.

“Yo no creo en las encuestas, debo decirlo con toda seriedad, no engaño a nadie. Yo pugnaré al interior de Morena por elecciones primarias, porque las encuestas son fácilmente manipulables o susceptibles de manipulación. La encuesta debe de ser sólo un elemento para la toma de decisiones, pero no el único. Simplemente un elemento. Y yo creo que la elección primaria, organizada por los órganos electorales, es lo más conveniente para el país”, afirmó tajantemente el senador Monreal, en discreta confrontación con AMLO.

Animado por la aclaración hecha en la víspera por López Obrador en el sentido de que no descarta a nadie -con referencia específica a Monreal, por la pregunta directa de un reportero-, y que no va a ser él quien elija al candidato o candidata de Morena para sucederlo en el cargo, sino la encuesta, es decir la gente, Monreal le toma la palabra al Presidente y hábilmente presiona para que tal propósito democrático se haga realidad, pero de veras, con mecanismos eficientes que terminen con las dudas sembradas por las nada transparentes “encuestas” de Mario Delgado.

Algo similar podría decirse de otro senador, el mexiquense Higinio Martínez, quien acaba de dar este fin de semana un golpe de autoridad política pues, a diferencia de varios aspirantes -de diversos partidos- que han estado autodestapándose en medios de comunicación afines, él convocó a una multitudinaria reunión en las instalaciones de la Feria del Caballo, en Texcoco, para dejar en claro, muy respetuosamente, a sus compañeros y amigos Delfina Gómez y Horacio Duarte, pero muy especialmente al Presidente López Obrador, que no es suficiente con manifestar el deseo de ser el candidato, basado en una presunta preferencia del mandatario en turno, porque el reto de cortar una hegemonía priista de 90 años en el Estado de México, no pasa por perpetuar la vieja práctica del dedazo.

El llamado del doctor Martínez, formulado ante miles de personas y multitud de alcaldes, diputados y líderes sociales y políticos -incluso de otros partidos- es a elegir -en plena unidad- al mejor perfilado para desbancar la casi secular hegemonía priista, propósito para el que no basta ser el o la preferida del Presidente, como lo demuestra la derrota electoral sufrida por la muy respetable maestra Delfina Gómez en la pasada contienda electoral contra Alfredo del Mazo.

Sería muy contradictorio para un movimiento que pretende instaurar la auténtica democracia en el país, que se simule un presunto apoyo popular con encuestas, solo para enmascarar el deseo presidencial de ungir a quien el mandatario -y no necesariamente el electorado- “quiere mucho”.

Toca a la maestra Delfina Gómez mostrar la generosa sensibilidad de declinar su aspiración para sumarse a la causa de su mentor político, por mucho que la suerte le haya acarreado la circunstancial simpatía y afecto de Don Andrés. ¿No cree usted?

Lo mismo podría decirse de Alejandra del Moral, precandidata cuasi oficial del PRI por el único mérito de la decisión de un solo hombre, aunque Ana Lilia Herrera, por ejemplo, pudiere resultar mucho más competitiva.

Pero nadie espera, desde luego, que el priismo abandone jamás la práctica que define su esencia autoritaria: el sempiterno dedazo.

Otra cosa muy distinta ocurre en el morenismo genuino, es decir, el que no cae en el fanatismo y culto a la personalidad del líder.

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