sábado, abril 13

Marcelino ¿PAN o VINO? LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

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“Le tengo un inmenso cariño al presidente López Obrador”… pero si no reponen el proceso, agarro mis chivas y me voy


Luego de haber generado enormes expectativas para su anuncio definitorio de este lunes, el ahora morenista apestado, Marcelo Ebrard, salió francamente con una -por donde quiera que se le mire- batea de babas.

Impugna un proceso en el que participó prácticamente hasta el final y que culminó con el unánime reconocimiento del inobjetable y holgado triunfo de Claudia Sheinbaum -quien ya hasta recibió formalmente la estafeta oficial del “bastón de mando”- y espera ¿ingenuamente? que el partido tome la decisión de echar atrás todo el procedimiento solo para satisfacer sus caprichos y rabietas.

Pretende tomarnos el pelo sugiriendo que el Presidente López Obrador, a quien dice tenerle “un inmenso cariño y jamás le haría daño por razones políticas”, es completamente ajeno al cúmulo de irregularidades cometidas en la cargada oficial en favor de la ex jefa de gobierno.Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum

Plantea que va a generar un movimiento crítico dentro de Morena, es decir, una tribu, cuando los estatutos del partido -precisamente en previsión de la confrontación interna que terminó destruyendo al PRD– prohíbe expresamente ese tipo de “incidencias”. Así lo establece el Artículo 3 en su inciso G:

“La afiliación (a Morena) será individual, personal, libre, pacífica y voluntaria, sin corporativismos de ninguna índole; sin que se permitan facciones, corrientes o grupos que vulneren la soberanía del partido, es decir, su capacidad exclusiva de dirección general”.

Con esta actitud, lo único que el excanciller pone en claro es que todavía no tiene una oferta concreta de Dante Delgado (y probablemente jamás la tenga) lo que le obliga a hacer tiempo, sin perder la oportunidad de seguir en precampaña mientras se decide Movimiento Ciudadano, un partido profundamente dividido entre quienes quieren apoyar a Xóchitl Gálvez y quienes ven en Ebrard un buen candidato para dividir la disputa presidencial en tercios, lo que no solo le daría la oportunidad, en una de esas, de ganar la Presidencia, sino que con toda seguridad lo ubicaría como el partido bisagra para equilibrar el poder en el próximo sexenio con el control decisorio en el Congreso.La elección podría irse a tercios: Sheinbaum, Ebrard y Gálvez

El acuerdo con Gálvez, quien ya le aclaró que lo recibe pero que la candidata por el Frente es ella, podría ser realizar un sondeo hacia el final de la campaña (ella por el Frente y él por MC) para que uno de los dos decline en favor del otro, lo que podría ser determinante en el resultado final, luego de una intensa campaña en la que ambos sacarían a relucir los pendientes de la 4té, poniendo énfasis en los horrores de la inseguridad y la militarización del país.

Tarde o temprano Ebrard tendrá que romper abiertamente con el único responsable de su derrota interna, que no es otro que el mandatario que impulsó personalmente a Claudia Sheinbaum, encabezando una evidentísima y hasta podría decirse descarada elección de Estado, completamente ilegal, que dio como resultado el desenlace visto en las encuestas.

El problema de Marcelo es que no quiere confrontarse con AMLO, con la vana esperanza de conservar el voto de los leales al Presidente y sumarlo al de sus fans de la clase media, y la empresarial que no congenie con la “trotskista” Xóchitl Gálvez. Este malabarismo, producto de un cálculo político mal realizado, lo expone a contradicciones que lo hacen ver como un mentiroso.Xóchitl Gálvez dice ser trotskysta

¿Quién puede creerle que fue Mario Delgado y no el Presidente quien alentó la cargada en favor de Sheinbaum?

¿Cómo descalificar un inobjetable resultado de las encuestas sin introducir el factor de la cargada previa que condicionó, precisamente, ese resultado?

A final de cuentas, lo que se gesta rápidamente en el país es una nueva temporada de disputa por la nación, entre dos grandes corrientes: la obradorista y la antiobradorista.

La primera ha sido fincada por el activismo mediático desenfrenado de un mandatario empecinado en consolidar “la revolución de las conciencias” que no es otra cosa que convencer a millones de mexicanos -luego de 3 campañas presidenciales al hilo, y 5 años de adoctrinamiento masivo desde las mañaneras, y ahora en las escuelas-, de que el prianperredismo es sinónimo inequívoco de corrupción y saqueo, de oligarquía y falta de amor al pueblo bueno y sabio, es decir, de la mentira flagrante de que millones de conservadores son los responsables de la desigualdad y el sufrimiento nacional, cuando la verdad es que se trata solo de unos cuantos políticos ladrones que deberían estar en la cárcel, pero el morenismo los ha perdonado para usarlos, exhibirlos retóricamente, en una campaña permanente en contra de sus “adversarios”.AMLO exhibe a los que acusa de corruptos pero jamás actúa en su contra

Los antiobradoristas -encabezados ahora por Xóchitl Gálvez– son los que, desde cualquier trinchera (incluido el oportunismo electoral de muchos impresentables), se oponen a la continuidad de un gobierno que simulando ser de izquierda, mantiene políticas profundamente conservadoras sobre todo en materia de seguridad, llevando el paradigma del prohibicionismo y la militarización a niveles insospechados, pero también en otros rubros como el de la economía, con políticas que envidiarían los clásicos del neoliberalismo salvaje, por mucho que estén matizadas con un asistencialismo social tan compulsivo como improductivo y oneroso.

Parece que Marcelo Ebrard intuye que él podría ser el líder definitivo de esta corriente, pero -como tantos líderes potenciales que se quedan a mitad del camino- no se atreve a tomar el toro por los cuernos.

En el otro extremo, el obradorismo sin López Obrador, se antoja difícil de mantenerse invicto por mucho tiempo. Ya veremos.

 

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