Pancho Vázquez afirma que no hay grupos en Morena. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Pero luego dice que espera que Higinio Martínez respete su propio llamado a la conciliación
El presidente de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) en el Congreso mexiquense, Francisco Vázquez Rodríguez —mejor conocido como el “coreback” o “Corevázquez” de la bancada morenista, más por su afición desbordada al Super Bowl que por su talento legislativo— tuvo a bien regalarnos una joya: la fantasía de que en Morena no hay grupos.

Lo dijo con ese tono híbrido entre servilismo y autoritarismo que tanto abunda en los capataces del Legislativo. Palabras más, palabras menos, aseguró que la única lideresa partidista es la gobernadora Delfina Gómez Álvarez. Y punto: “Ante medios de comunicación —reza textual la redacción de La Jornada Edomex—, Vázquez Rodríguez aclaró que en el Estado de México sólo existe un instituto político, así como que la única líder que se tiene se trata de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez” (sic).
Así, sin rubor alguno, se lleva de corbata toda esa narrativa —tan repetida en la liturgia obradorista— de que los gobernantes se despojan de la camiseta partidista al llegar al poder para gobernar sin sesgos. Aquí no: aquí la camiseta no solo no se quita, se borda con hilo grueso y se presume como uniforme oficial.

Cabe entonces preguntar: ¿quién asesora a este líder curulero? Porque sostener, además, que “en el Estado de México sólo existe un instituto político” no solo es una torpeza discursiva, sino un despropósito institucional. Si así fuera, ¿para qué existe la JUCOPO que él mismo encabeza? ¿Para coordinar la nada? ¿Para simular pluralidad donde, según su dicho, no la hay?
El problema de fondo no es la torpeza, sino el daño colateral. En su afán de “defender” a la gobernadora, lo que realmente hace es exhibirla como si necesitara intérpretes políticos que hablen por ella, reduciéndola —injustamente— a una figura incapaz de sostener su propio liderazgo.

Y mientras unos inventan unanimidades que solo existen en su imaginación, otros hacen política de la de a deveras. Lo que hizo Higinio Martínez en el Salón Rojo fue, simple y llanamente ofrecer su respaldo a la mandataria y pedir respeto a los espacios que su corriente —“Mexiquenses de Corazón”, para decirlo con nombre y apellido— ha construido, y a la lógica elemental de cualquier movimiento político que aspire a sobrevivir: competir, medirse y ganar.
Nada estridente. Nada fuera de lugar. Solo política.

Lo curioso es la reacción. Porque si de verdad no hay grupos, como jura el Corevázquez, ¿por qué tanta susceptibilidad? ¿Por qué los nervios? ¿Por qué la urgencia de soltar a los jilgueros de ocasión para golpear, un día sí y otro también, al doctor Martínez?
Porque en política, como en el fútbol americano que tanto le gusta al diputado, hay una regla básica: cuando alguien insiste en que no hay equipo rival… es porque ya vio venir la tacleada.





