sábado, junio 15

Debe ser el pueblo y no “el dedazo” el que elija a quién sigue: Marcelo Ebrard

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El canciller parece, poco a poco, arrojarse a los brazos de Movimiento Ciudadano

LA VERSIÓN NO OFICIAL. Por Jesús López Segura

 

Marcelo Ebrard sigue, paulatinamente, endureciendo su discurso, ante los signos inequívocos de encuestas amañadas por cuenta de Mario Delgado para tenderle la cama y limitar el veredicto ciudadano a la elección entre solo dos corcholatas: Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López, con el fin de encubrir el dedazo en favor del titular de Gobernación, a sabiendas de que Claudia -evidentemente más popular que Augusto-, no movería un dedo para impugnarlo.

Tanto Marcelo, como Monreal (la dupla M&M) han sabido desde siempre que no son los favoritos del Presidente, quien empezó promoviendo a Claudia Sheinbaum pero más que para sucesora presidencial, para que recuperara la confianza retirada por los capitalinos a la Jefa de Gobierno en la elección federal del 21, cuando el Presidente perdió la mayoría calificada en el Congreso y la mitad de las alcaldías de la Ciudad de México, por culpa de los pleitos entre Claudia y Monreal, entre otros factores de decepción ciudadana con la promesas incumplidas del obradorismo.

Cuando la prensa empezó a confundir esa intención de don Andrés de poner su propio capital político en favor de la recuperación del bastión histórico de la izquierda por excelencia, y todo el mundo empezó a manejar que estaba promocionando a Claudia para la sucesión, no le quedó al mandatario más remedio que abrir el abanico y darles juego a las tres corcholatas visibles en ese momento y, poco a poco, ir incluyendo a su verdadero y único tapado, su hermano, su clon y paisano Adán Augusto López.Adán Augusto, Sheinbaum y Ebrard, las corcholatas de AMLO

“El pueblo tiene que elegir a quién sigue, no el dedazo”, es una expresión de Marcelo vertida en Oaxaca este fin de semana que no tiene desperdicio, porque pone en cuestionamiento algo que ningún morenista fanático se atreve a reconocer: que el mandatario que a diario pontifica en contra de las prácticas fraudulentas del prianismo, recurre a los mismos hábitos deleznables pero con otro estilo, para encubrir el acarreo, el dedazo y el uso de programas sociales con fines electoreros.

A diferencia de Monreal -que solo ha hecho el ridículo al aparentar ser fiel al Presidente, al mismo tiempo que se desangra con tal de ser atractivo para los nostálgicos del neoliberalismo- Ebrard ha actuado con gran sigilo e inteligencia, para no confrontarse abiertamente con un mandatario demasiado popular todavía, y que no lo tiene contemplado más que como elemento de relleno entre las “corcholatas”. El plan marcelino es lanzarse, en su momento, cuando quede en evidencia el dedazo, con Movimiento Ciudadano sin perder a sus fans de Morena y con la posibilidad de que la oposición en su conjunto se le rinda con tal de vencer al obradorismo clásico.

Nadie -excepto quien esto escribe, con toda humildad- ha dado una explicación plausible al hecho aberrante e incomprensible de que Juan Zepeda haya declinado participar en el elección mexiquense en curso, en la que tenía la posibilidad de inclinar nuevamente la balanza, ahora con Movimiento Ciudadano, en favor de Alejandra del Moral, después de su indiscutible hazaña de haberle arrancado más de un millón de votos a Delfina Gómez en el 17, es decir, en plena ola del obradorismo arrasador y con un partido en franca decadencia y considerado traidor de la izquierda, como el PRD.Juan Zepeda declinó participar en la elección del Edomex

Con el antecedente de haber definido la elección anterior en el Edomex en favor de Alfredo del Mazo -un candidato por demás enclenque-; con un partido emergente que se niega a aliarse con los neoliberales salvajes y corruptos, que gobierna actualmente Nuevo León y Jalisco y no habría, por tanto, nada extraño en que incluso pudiera competir para ganar el Estado de México; con un Presidente de la República muy cuestionado hacia el final de un mandato tan lleno de contradicciones que en el 21 lo llevaron al baile con multitud de curules y municipios en esta entidad, no existe ninguna explicación lógica para que MC se negara a postular a Juan Zepeda, en una segunda oportunidad extremadamente promisoria, para esquirolearle votos a doña Delfina e, incluso, por los factores expuestos, ganar la elección como un tercero en discordia en medio de la gran polarización nacional, perfilando un discurso de “cambio real, no meramente retórico”.

Mi hipótesis es que Marcelo convenció a Dante Delgado de que Juan Zepeda no participara en la elección mexiquense, con un doble propósito: primero, garantizar el triunfo de Delfina Gómez, complaciendo a tal grado a López Obrador que empezara a tomarlo en serio como posible sucesor. Y, segundo, en una movida de genial anticipación, poder jugarla con MC si don Andrés no lo considerara, sin el riesgo de ser acusado de traidor ante la eventualidad muy probable de que Juan Zepeda hubiera hecho perder a Delfina, por segunda vez, en la elección mexiquense.

Así que, en mi modesta opinión, el talentoso Marcelo Ebrard juega, a diferencia de otros muy elementales estrategas como Adán Augusto, en carambola de tres o más bandas. Se anticipa a los acontecimientos y construye una candidatura presidencial -tanto en México como en el extranjero- tan sólida y bien planeada como para aventarse el boleto de disputarle la sucesión a López Obrador, en caso necesario, algo que los opositores neoliberales no están en posición de lograr con ninguno de sus decenas de precandidatos (50 o 60, se burla don Andrés). Al tiempo.

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