miércoles, abril 22

AMLO ha sido extraordinariamente respetuoso: Sheinbaum. AL GRANO. Por Jesús López Segura

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No faltarán comentócratas que aseguren que la salida de Luisa María se decidió en Palenque

Que siempre sí: Luisa María Alcalde deja la dirigencia de Morena por invitación de la presidenta Claudia Sheinbaum para asumir la Consejería Jurídica. La actual titular, Esthela Damián Peralta, presentó su renuncia para irse a lidiar electoralmente a Guerrero. Se cumplió la profecía: Alcalde solo dejaría el partido si había cargo de por medio. Falta ver si la Consejería le resulta suficiente… o apenas un peldaño.

Doña Claudia apareció radiante en su conferencia matutina. De buen humor, incluso se permitió abordar —casi con desenfado— los rumores sobre la salida de Alcalde y la eventual llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia. No es poca cosa: temas de ese calibre solían esquivarse con habilidad precisa antes de su —según algunos— exitoso viaje a Barcelona.

La mandataria se burló abiertamente de quienes planteamos la hipótesis —bien sustentada— de una disputa soterrada por el poder real: ese que, en teoría, le pertenece, pero que en la práctica sigue acotado por la pesada herencia de Andrés Manuel López Obrador.

Con sonrisa calculada, anticipó que insistiríamos en que la decisión se fraguó en Palenque. Luego, en tono solemne, reiteró que “el Presidente” —así le sigue llamando— ha sido “extraordinariamente respetuoso”; es decir, que no levanta el teléfono para dictar línea.

Alcalde se va por invitación presidencial, sí, pero en paralelo se mueve otra pieza: Andrés Manuel López BeltránAndy— recibe margen para operar con mayor amplitud en el proceso electoral de Tamaulipas, respaldado por disciplinadas bancadas legislativas. El intercambio parece evidente: una salida a cambio de una última oportunidad.

La lectura es inevitable: no hace falta que suene el teléfono rojo desde Palenque. La influencia no viaja por cable, sino por estructura. Por esa red de lealtades —auténticos “burritos de Troya”— sembrada en los espacios clave del poder operativo, que la mandataria felizmente ha comenzado a desmontar con sigilo.

Por eso, presidenta, con todo respeto: la versión de que López Obrador ordenó la salida de Alcalde no es del todo falsa. Simplemente opera bajo otras lógicas, menos visibles, pero igual de eficaces.

Sostengo —y sostendré— la tesis del intento de maximato. No para detractarla, sino para subrayar la dimensión de la batalla que usted libra. Porque, paradójicamente, hoy encarna la posibilidad de rescatar en la práctica los principios de una transformación que en el discurso luce impecable, pero que en el ejercicio del poder ha sido traicionada una y otra vez.

La historia es terca: movimientos progresistas brillantes en la oposición suelen naufragar en el gobierno. Y de esos fracasos nacen, una y otra vez, las reacciones pendulares que terminan encumbrando a las ultraderechas. Ahí está el riesgo.

Porque también es cierto —y cada vez más evidente para amplios sectores— que el sexenio anterior dejó claroscuros difíciles de ignorar: desde la brutal militarización del país hasta decisiones cuestionables en salud, medio ambiente y educación, pasando por señalamientos persistentes sobre relaciones inconfesables con grupos criminales.

Por eso, marcar distancia no es traición: es necesidad histórica. Admiro mucho su valentía al deshacerse, aunque sea parcialmente, de personajes tan nefastos como Adán Augusto López. Pero una auténtica transformación nacional no se logra con medias tintas, sino con acciones radicales y congruentes que conciten la entusiasta y comprometida solidaridad ciudadana.

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