“No sea tonta, presidenta. No diga burradas”: Jefe Diego. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Sheinbaum había llamado a Fernández de Cevallos “fantasma del pasado y creación de Salinas”
Cuando la Presidenta decidió invocar a los “fantasmas del pasado” en su mañanera, quizá no calculó que uno de ellos traería megáfono propio y memoria selectiva bien afilada.
Claudia Sheinbaum llamó “fantasma del pasado” y “creación de Salinas” al excandidato presidencial panista Diego Fernández de Cevallos, luego de que éste, junto con Manlio Fabio Beltrones y Francisco Labastida, osaran suscribir un posicionamiento crítico contra su reforma electoral. Pecado capital en tiempos de unanimidad obligatoria.

El trío de “prianistas” propuso algo que, en teoría, no debería escandalizar a nadie: mantener el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) y eliminar la sobrerrepresentación para evitar que vuelva a repetirse la aplanadora legislativa de 2024. Pero en la narrativa oficial, disentir es conspirar, y proponer límites es añorar privilegios.
Desde el púlpito matutino, la mandataria evocó el fraude del 88, la quema de boletas y el salinismo como si todo cupiera en el mismo costal histórico. Y en esa licuadora retórica, Fernández de Cevallos fue presentado no como opositor actual, sino como pieza arqueológica de museo neoliberal.

La respuesta no tardó:
“Señora Sheinbaum: no sea tonta, no diga burradas: yo no puedo haber sido ‘creado’ por Salinas de Gortari, porque antes de que él naciera yo luchaba por la democracia que usted destruye. En cambio, es del dominio público que usted fue puesta donde está y es sirviente de su idolatrado TARTUFO”. Diego Fernández de Cevallos
Desde X —ese nuevo Coliseo digital donde los veteranos también reparten estocadas—, el “Jefe Diego” se quitó el polvo de fantasma y lanzó su propia descarga: llamó “tonta” a la Presidenta, le pidió no decir “burradas” y negó haber sido “creado” por Carlos Salinas de Gortari. Según él, cuando Salinas apenas despuntaba, ya luchaba por la democracia que hoy —acusó— Sheinbaum destruye. Y remató con una daga verbal: la señaló como “puesta donde está” y “sirviente” de su idolatrado “Tartufo”.

En el fondo, más que una discusión técnica sobre reglas electorales, lo que asoma es la vieja tentación mexicana: descalificar al mensajero para no discutir el mensaje. Y mientras los espectros intercambian insultos, la reforma avanza entre aplausos disciplinados. Porque en esta nueva liturgia política, cuestionar es traicionar… y recordar, al parecer, también.





