El nuevo INE, con mapaches del bienestar: Germán Martínez. AL GRANO. Por Jesús López Segura

Se incluye en la terna ganadora a exasesor de Sheinbaum, con sospechosa calificación de 9.9
Si la intención era tener consejeros a modo, quizá la Cuarta Transformación debió ahorrarse el trámite y concretar el viejo anhelo de desaparecer al Instituto Nacional Electoral.
Porque lo ocurrido en la Cámara de Diputados —con 334 votos del oficialismo— se parece demasiado a lo que la oposición llamó sin rodeos: “fraude” y “secuestro de la democracia”. La designación de Arturo Manuel Chávez López —exasesor de Claudia Sheinbaum y sin experiencia electoral— como consejero, con una sospechosamente impecable calificación de 99 sobre 100, no ayudó precisamente a disipar dudas.
Desde tribuna, el panista Germán Martínez no se guardó nada: calificó al Comité Técnico de Evaluación como “cínico” y “servil”, acusándolo de haber actuado por consigna, “tomando dictado en la nocturnidad”. Su sentencia fue demoledora: el nuevo INE morenista podría durar menos que el Insabi. Más que árbitros, dijo, se están certificando “mapaches del bienestar”.
En la misma línea, el priista Rubén Moreira habló de una democracia “secuestrada”, mientras Ivonne Ortega denunció que incluso quienes participaron en las negociaciones fueron excluidos del acuerdo final. Consenso, sí… pero entre los de casa.
El telón de fondo no es menor. Como apunta Mario Maldonado, Morena vive un reacomodo interno de alto voltaje rumbo a 2027: la salida de Luisa María Alcalde hacia el gabinete, el creciente protagonismo de Andrés Manuel López Beltrán y la posible llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia configuran una disputa por el control territorial y político del movimiento. En ese contexto, el control de los órganos electorales no es un detalle técnico, sino una pieza estratégica.
Y si de perfiles se trata, la crítica de Salvador García Soto sobre Alcalde —a quien describe, citando voces internas, como de “poco trabajo y menos resultados”— encaja con una constante incómoda: la promoción de lealtades por encima de capacidades. Una lógica que, trasladada al INE, explica por qué la experiencia electoral parece ser un requisito opcional.
Al final, el mensaje es claro: si el árbitro va a jugar con camiseta, la simulación institucional sale sobrando. Porque para tener un INE alineado, Morena no necesitaba reformarlo… le bastaba con colonizarlo, o mejor aún, simplemente desaparecerlo, conforme al viejo capricho de don Andrés.





