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Andrés Manuel López Obrador

Mauricio Merino y las huestes burocráticas paragubernamentales. La Versión no Oficial. Por Jesús López Segura

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Tiene razón el Presidente. Una administración eficiente y honesta, no necesita vejigas para nadar

“El ambiente político del país se pondrá cada vez peor, porque el presidente decidió iniciar anticipadamente la campaña del 2021. Ya era evidente que su interés mayor (si no es que el único) estaba en concentrar más poder del que ha venido acumulando, en aras de una transformación diseñada y dirigida por él mismo”, dice en su colaboración para El Universal (“Tiene razón el Presidente”) el ilustre investigador del CIDE y miembro de un indeterminado número de consejos directivos de organismos y comisiones de “vanguardia” metainstitucional, don Mauricio Merino.

El ex colaborador de Brozo en El Mañanero de Televisa parece ignorar, sin embargo, que desde siempre, pero para no ir muy lejos, desde la irrupción del neoliberalismo salvaje que Merino parece añorar, cuando los organismos paragubernamentales crecían al mismo ritmo que la corrupción, desde Salinas de Gortari hasta Peña Nieto, el Presidente ejercía un poder unipersonal inobjetable, inapelable, y absolutamente devastador. ¿Ya lo olvidó tan pronto este ilustre intelectual ahora inorgánico?

Parece estar muy molesto don Mauricio porque “hay bobos útiles” incapaces de “pelear por el renuevo de la pluralidad democrática que hoy está frontalmente amenazada por la estrategia de la polarización política y la concentración cada vez más abusiva del poder presidencial, asentadas en un imaginario ramplón y soso”, resumido en la sentencia bíblica de “estás conmigo o contra mí”.

Para don Mauricio, desmantelar las huestes de organismos creados por la burocracia corrupta para simular que no incumplía con sus funciones mínimas y elementales, eludidas flagrantemente por estar ocupada tiempo completo en el saqueo, el genocidio y el fraude, significa “concentrar el poder en un solo hombre”.

Ni el INE, ni sus rémoras periféricas han garantizado elecciones limpias e inobjetables, lo que han hecho es legitimar incontables fraudes con una aparente calificación “neutra y ciudadanizada” que encubre una realidad atroz, una burocracia onerosísima dominada por el partido en el poder.

“No se puede aceptar que un gobierno que se declara de izquierda imponga una agenda de derecha: que reivindica como cosa del Estado decálogos de iglesias, que elimina cada día oficinas y presupuestos públicos, que confunde la caridad cristiana con la garantía de los derechos laicos defendidos por instituciones fuertes, que enfrenta como agravio cualquier expresión federalista, que se permite decidir en qué casos y contra qué delincuentes ha de usarse u omitirse el peso de la ley, que crea un muro militar contra los migrantes que huyen de la violencia y la miseria, que va minando poco a poco cualquier manifestación de disidencia en medios, ataca a la ciencia y niega abiertamente la pluralidad política. Es imposible estar de acuerdo con un presidente que elude toda responsabilidad sobre los hechos que lo desafían: la pobreza, la violencia, la desigualdad, la corrupción y cuya respuesta es siempre la misma: acumular poder para derrotar a quienes él considera adversarios del proyecto histórico que encarna”.

En el parrafote anterior, Merino no oculta su intención de desacreditar a un gobierno al que retrata como gatopardista “de izquierda” (porque, dice, “en realidad está inclinado a la derecha”), como si a don Mauricio le urgiera una verdadera agenda de transformación real, pero sin aderezar su crítica -ciertamente digna de reflexión- con recomendaciones emergidas de la verdadera izquierda, como la de legalizar el aborto, las drogas y aplicar impuestos mayores a los megaricos, por ejemplo.

La crítica de Merino no puede encubrir su añoranza de volver al pasado depredador, lo que choca con el presunto vanguardismo de su discurso incendiario y populista, porque ese pasado depredador no solamente era francamente derechista, sino abiertamente corrupto, por lo que tuvo que crear multitud de organismos “desconcentrados” para conferir un mínimo de credibilidad a sus criminales omisiones.

Organismos -institutos, comisiones, órganos y cualquier denominación apropiada para cada caso- constituyen una jugosa e inagotable fuente adicional de ingresos para intelectuales fifís y sus parientes, amigos, alumnos y recomendados. Por eso están tan molestos. Usan indecorosamente a las minorías más vulnerables, para encubrir sus intereses de grupo.

Tiene, efectivamente, razón el Presidente. Una administración eficiente y honesta, no necesita vejigas para nadar.

CON INFORMACIÓN DE:

Tiene razón el Presidente / Mauricio Merino
El Universal.- https://www.eluniversal.com.mx/opinion/mauricio-merino/tiene-razon-el-presidente

El impuesto a los ricos como sentido común//Alfredo Serrano Mancilla*
La Jornada.- https://www.jornada.com.mx/2020/06/22/opinion/018a2pol

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